Categoría

DRAMA

Personajes

2 M + 1 F

Hombre, 36 años

Padre, 78 años

Mujer, 35 años

Traducción

NIKOLINA ŽIDEK

Derechos de Autor

Tomislav Zajec

Derechos de Traducción

NIKOLINA ŽIDEK
info@teatrocroata.com

Pedir Texto Hay que sacar a pasear al perro

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Hay que sacar a pasear al perro.

En un día, el caos dominante. La lluvia no se detiene. Hombre, mujer y padre se aferran a sus ilusiones. Un derrotero húmedo con un objetivo concreto: comprar una corbata, recibir un premio, encontrar el lugar en donde los sueños se hacen realidad. En el pronóstico del tiempo del diario se esconden los deseos más profundos. Perder el control, el dominio de la propia vida, ¿qué hacer…? La caldera va a explotar. Deambular eternamente debajo de la lluvia, tomar una decisión, asumir la responsabilidad de defender la vida, ya seas hijo o perro.

Fragmentos

Fragmento Versión Argentina

7.      El departamento del padre, la lluvia, 15:06

 

El Hombre hurgando por la caldera, el Padre está leyendo el diario.

 

Padre: ¿Ya está?

Hombre: Esperá un poco.

Padre: No te escucho.

Hombre: Esperá… Estoy haciendo algo.

Padre: Estoy esperando… Leyendo el diario. El pronóstico del tiempo, la lluvia.

Hombre: Bien.

Padre: Leyendo y esperando.

Un momento.

Padre: Y si llamamos a alguien.

Hombre: Hay mucha tierra, es eso.

Padre: No sé.

Hombre: Qué cosa.

Un momento.

Padre (más para sí mismo): Sabés que hay personas que lo hacen a propósito, afinan la caldera así para que empiece a perder, en algún momento, quizás. De noche. Así que, cuando se acuestan, entonces –

Hombre (no lo escucha por el agua): Hay tierra, nada más.

Padre: Y tal vez nadie vaya.

Hombre: Qué decís –

Padre: Digo, tal vez nadie vaya. ¿No escuchás bien?

Hombre: Es el agua… Que no vaya adónde.

Padre: A la fiesta. A mi fiesta, mi evento, a la academia, yo qué sé. Tal vez ellos lean el diario buscando el aviso fúnebre, el último adiós, si murió, entonces no tenemos que ir.

Hombre: ¿Y, está?

Padre: ¿Qué cosa?

Hombre:  El aviso fúnebre.

Un momento.

Hombre: Pasame un trapo.

Padre: Estás farfullando.

El Padre a la vez indica con la mano al mueble arriba del fregadero. El Hombre va a buscar el trapo.

Un momento.

Padre: ¿Y vos qué hacés, después del colegio?

Hombre: ¿Después del colegio?

Padre: Cuando volvés del trabajo, sí. Generalmente.

Hombre: No sé, nada.

Padre: Cómo que nada. Supongo que sacás a pasear al perro.

Hombre: Sí, eso… Saco a pasear al perro.

Un momento.

Padre: Y ella también. ¿Con vos?

Un momento.

Padre: Está un poco enojada conmigo, no viene nada.

Hombre: Está con mucho lío, trabajando.

Padre: Sí… Todos están con mucho lío, todos están trabajando…Me llamaron para traducir un libro, no porque se trate de mí, sino porque el resto está con mucho lío, el resto está trabajando. Así me dijeron.

Hombre: Y vos qué –

Padre: Les dije que ya ni leo. Sólo el pronóstico.

Hombre: Papá –

Padre: Hegel y yo explotamos en mi habitación, eso les dije.

Hombre: Ah, Hegel. Sí.

Un momento.

Padre: A ella seguro que no le gusta ese perro tuyo. Por eso se fue.

Un momento.

Padre: Y vos siempre sos, así.

Hombre: Soy cómo.

Un momento.

Padre: ¿Qué hora es?

Hombre: Tres. Son las tres pasadas.

Padre: Son las tres pasadas.

El Hombre asienta con la cabeza.

Padre: Dale, traeme las pastillas, son las tres pasadas….Por favor.

Hombre: ¿Y dónde están, papá?

Padre: No te escucho.

Hombre: Te pregunto dónde están.

Padre: En el cuarto, sobre el placar. Las grises. El color alegre de la hipertensión.

El Hombre sale.

Padre (grita detrás de él): ¿Y vos, por qué caminás así?

 

8.      Delante del negocio de corbatas, la lluvia, 17:18

 

El Hombre sale del negocio de corbatas, para a la Mujer. En la mano tiene la corbata gris.

Mujer: ¿Por qué rengueás? Hombre: Esperá, ey – Mujer: ¿Te duele la pierna?

Hombre: No puedo caminar rápido.

Mujer: Veo.

Hombre: Pisé mal.

Mujer: Esta es buena, te lo dije. Le va a quedar bien, chau.

Hombre (la agarra de la mano): Esperá –

Mujer: La vendedora nos está mirando.

Hombre: ¿Y qué?

Mujer: Cree que nos vamos a rajarnos con su corbata.

Hombre: Esperá que pague, por favor.

Mujer niega con la cabeza.

Hombre: ¿Por qué?

Mujer: Porque sí. Porque soñé con vos, imaginate…Soñé que estabas parado al lado de una valija suspendida en el aire, suspendida por unos grandes globos. Como si fuera mi cumpleaños, pero la gente no me dice “¡Feliz cumple!”, sino que él se fue, así nomás, desaparición, adiós, un caos, ya lo sé.

Hombre: Yo –

Mujer de repente le da un beso.

Mujer: Ves, nada. Y con él estoy feliz. Es piloto, sabés.

Hombre: Ah, sí. Joya.

Mujer: ¿Eso qué quiere decir?

Hombre: Nada, en serio.

Mujer: Me voy.

Hombre: ¿Y él, adónde vuela?

Mujer: ¿Adónde vuela, adónde va a volar? Es piloto, vuela, yo que sé. Vuela por todos lados, vuela por ahí. Por las ciudades donde los sueños se hacen realidad y todos son felices. Lo conocí en una convención, él me encontró el trabajo, lo de los billetes, en esa convención. Azafata de tierra, así se llama. Y era amable, cuando nos conocimos, en esa convención. Al día siguiente me trajo tulipanes. No colgaba pájaros en los árboles.

Un momento.

Mujer: Por qué me mirás, así.

Hombre: Porque te ves diferente.

Mujer: Estoy cansada.

Hombre: No. Diferente.

Mujer (de repente irritada): Diferente, en serio. ¿Diferente, cómo?

Hombre: No lo sé.

Mujer: Te lo digo yo. Parezco como si todo fuera nuevo. ¿Está bien?

Hombre. No lo pensé así –

Mujer: Es porque todo es nuevo.

Hombre: Sólo espero que estés feliz.

 

Un momento.

Mujer: Jodete.

Hombre: Hace días que te estoy siguiendo.

Mujer: Qué decís –

 

 

9.      El departamento del padre, la lluvia 15:13

 

Hombre: Y eso pudo hacer, pudo esperar. ¿Qué más hay además de la espera? Se espera para vivir, se espera para ser entero, y luego se te pasa ese deseo. Y luego te olvidás de la espera, para que todo pase, para que todo se haga justo la única verdad. Y luego sólo un poco de esa espera inútil, y luego todo finalmente se acaba. Así pensaba ese Hombre, mientras en el cajón buscaba las pastillas de color alegre de la hipertensión. Y al volver al cuarto, su Padre le dijo que nunca había querido a su mujer, a la madre del Hombre. De repente y así, porque cada espera tiene su principio, pero también tiene su final.

El Hombre se sienta al lado del padre.

Hombre: Esperá un poco –

Padre (levanta las pastillas): Necesito agua, para éstas.

Hombre: ¿Y por qué me lo estás diciendo ahora?

Un momento.

Padre: No lo sé.

Un momento.

Hombre: No lo sabés.

Padre: Ya no lo sé.

Un momento.

Padre: Porque  estás  acá,  y  yo  estoy  viejo.  Porque  me  dieron  un  premio  a  la trayectoria. Porque Hegel explotó en el living. Porque todo el tiempo había otra mujer.

El Hombre se levanta y se va hacia el fregadero a buscar el agua. Luego vuelve a la mesa.

Hombre: Acá tenés.

Padre: Gracias.

El Padre agarra el vaso, toma la pastilla. El Hombre se sienta.

Hombre: Quién era. Padre: No te escucho. Hombre: La otra mujer. Padre: Quién era.

Hombre: Sí.

Un momento.

Padre: La conocí en Rusia, mientras estudiaba. Tenía marido y un hijo, ya en aquel entonces. Él trabajaba en algo con papeles, su marido. Era un burócrata, no habló mucho de él. Ella editaba libros, la Pravda rusa. Era bella y se llamaba Ana.

Hombre: Por ella viajabas todo el tiempo, allá.

 

Padre asienta con la cabeza.

Padre: Y entonces me escribió una carta. Que no fuera  a verla nunca más. Que eso no tenía sentido. Una carta, hace veinticinco años, que se acabó. Una carta. Y yo fui igual, pero ella no me quería ver.

Un momento.

Padre: Pienso que me la voy a comer, cuando te vayas.

Hombre: ¿Qué cosa?

Padre: La carta, la tengo todavía.

Un momento.

Padre: Cuando uno está viejo, puede comerse las cartas, sin que eso le extrañe a la gente. ¿A vos te parece extraño?

Hombre: No, papá.

Padre: No te escucho.

Un momento.

Padre: ¿Qué?… Eso no tiene nada que ver con tu mamá.

Hombre: Hoy no.

Padre: Hoy no. Hoy me gustaría que ella estuviera acá, en vez de mí.

Hombre: Por qué.

Padre: Vos vendrías más a menudo.

Un momento.

Padre: Y ahora tengo que limpiar mis zapatos.

Hombre asienta con la cabeza.

Padre: Si tuviera sólo un deseo –

Hombre: ¿Entonces, qué harías?

Un momento.

Padre: Ya no lo sé.

 

 

 

10.  En el bar, la lluvia, 17:40

 

El Hombre y la Mujer sentados en una mesa del bar.

 

Mujer: Así que, vos a mí…me seguís.

El Hombre asienta con la cabeza.

Mujer: ¿Hace mucho?

Hombre: Por ahí.

Mujer: Por ahí me seguís.

Hombre: Sí.

Mujer: Sí.

Un momento.

Mujer: Entonces sabés de él. Que está casado.

Hombre niega con la cabeza.

Mujer: Ah, no sabés eso. Bueno, sí.

Un momento.

Mujer: Lo seguís haciendo.

Hombre: ¿Qué cosa?

Mujer: Jugás con las llaves.

Un momento.

Mujer: Y él no juega, él es una persona seria. Nada más que está casado. Tiene mujer, dos hijos, imaginate. Y yo lo sé desde el primer día, y sigo saliendo con él. Él tiene mujer, dos hijos y todo lo que yo tengo es el contagio de una rara desgracia que está esperando para dejar vacíos a todos los demás hogares… Y bueno, tiene mujer,

¿y qué? Igual, algo anda mal con los que están solteros a nuestra edad.

Mujer se sonríe. El Hombre también.

Mujer: ¿No te parece? Vos por ejemplo, con vos algo anda mal.

Hombre asienta con la cabeza.

Mujer: Y yo soy una puta.

Hombre: No sos una puta.

Mujer: Sí, lo soy. Una puta total. Una puta de mierda.

La Mujer le da un bofetazo.

Mujer: La gente nos está mirando.

La Mujer le da otro bofetazo. Un momento.

Hombre: ¿Querés algo más fuerte? ¿En vez del café?

Mujer: ¿Te parece que necesito algo más fuerte?

Hombre: No sé. Te pregunto. Antes solías –

Mujer: Sí. Antes solía. ¿Por qué me seguís?

Un momento.

Mujer: Mirá, me parece terrible todo esto.

Hombre: Entiendo.

Mujer: ¿Entendés? Me temo que no. De hecho, no tenés ni idea, un caos. Para mí todo esto es totalmente, vos y yo y todo, simplemente no lo puedo hacer.

Hombre: No podés.

Mujer: Me dejaste sin ninguna explicación.

Hombre: No sabía qué.

Mujer: ¿No sabías qué- qué?

Un momento.

Mujer: Ay, por favor. Ahora yo te diré algo.

La Mujer se levanta de repente. Y se para, pero sólo para tomar la chaqueta y se va. El Hombre se queda sentado. La Mujer vuelve en un par de momentos.

Mujer: Me olvidé del puto paraguas.

Hombre: Ey –

Mujer: Bueno, ¿para qué todo esto?

Hombre: Quiero que quedes con mi perro.

 

 

 

 


Fragmento Versión Española

  1. El piso del padre, la lluvia, 15:06

 

El Hombre hurgando por la caldera, el Padre está leyendo el diario.

 

Padre: ¿Ya está?

Hombre: Espera un poco.

Padre: Estás farfullando.

Hombre: Espera… Estoy haciendo algo.

Padre: Estoy esperando… Leyendo el diario. El pronóstico del tiempo, la lluvia.

Hombre: Bien.

Padre: Leyendo y esperando.

Un momento.

Padre: Y si llamamos a alguien.

Hombre: Hay mucha tierra, es eso.

Padre: No sé.

Hombre: Qué cosa.

Un momento.

Padre (más para sí mismo): Sabes que hay personas que lo hacen a propósito, afinan la caldera así para que empiece a perder, en algún momento, quizás. De noche. Así que, cuando se acuestan, entonces –

Hombre (no lo escucha por el agua): Hay tierra, nada más.

Padre: Y tal vez nadie vaya.

Hombre: Qué dices –

Padre: Digo, tal vez nadie vaya. ¿No escuchas bien?

Hombre: Es el agua… Que no vaya adónde.

Padre: A la fiesta. A mi fiesta, mi evento,  a la academia, yo qué se. Tal vez ellos lean el diario buscando el aviso fúnebre, el último adiós, si murió, entonces no tenemos que ir.

Hombre: ¿Y, está?

Padre: ¿Qué cosa?

Hombre: El aviso fúnebre.

Un momento.

Hombre: Dame un trapo.

Padre: Estás farfullando.

El Padre a la vez indica con la mano al mueble arriba del fregadero. El Hombre va a buscar el trapo.

Un momento.

Padre: ¿Y tú qué haces, después de la escuela?

Hombre: ¿Después de la escuela?

Padre: Cuando vuelves del trabajo, sí. Generalmente.

Hombre: No sé, nada.

Padre: Cómo que nada. Supongo que sacas a pasear al perro.

Hombre: Sí, eso… Saco a pasear al perro.

Un momento.

Padre: Y ella también. ¿Contigo?

Un momento.

Padre: Está un poco enojada conmigo, no viene nada.

Hombre: Está con mucho lío, trabajando.

Padre: Sí… Todos están con mucho lío, todos están trabajando…Me han llamado para traducir un libro, no porque se trate de mí, sino porque el resto está con mucho lío, el resto está trabajando. Así me han dicho.

Hombre: Y tú qué –

Padre: Les he dicho que ya ni leo. Sólo el pronóstico.

Hombre: Papá –

Padre: Hegel y yo explotamos en mi habitación, eso les he dicho.

Hombre: Ah, Hegel. Sí.

Un momento.

Padre: A ella seguro que no le gusta ese perro tuyo. Por eso se fue.

Un momento.

Padre: Y tú siempre eres, así.

Hombre: Soy cómo.

Un momento.

Padre: ¿Qué hora es?

Hombre: Las tres. Son las tres pasadas.

Padre: Son las tres pasadas.

El Hombre asienta con la cabeza.

Padre: Dale, tráeme las pastillas, son las tres pasadas….Por favor.

Hombre: ¿Y dónde están, papá?

Padre: Estás farfullando.

Hombre: Te pregunto dónde están.

Padre: En el cuarto, sobre la mesita de luz. De color gris. El color alegre de la hipertensión.

Hombre sale.

Padre (grita detrás de él): ¿Y tú, por qué caminas así?

 

  1. Delante de la tienda de corbatas, la lluvia, 17:18

El Hombre sale de la tienda de corbatas, para a la Mujer. En la mano tiene la corbata gris.

Mujer: ¿Por qué rengueas?

Hombre: Espera, ey –

Mujer: ¿Te duele la pierna?

Hombre: No puedo caminar rápido.

Mujer: Veo.

Hombre: He pisado mal.

Mujer: Esta es buena, te lo digo. Le va a quedar bien, adiós.

Hombre (la coge de la mano): Espera –

Mujer: La vendedora nos está mirando.

Hombre: ¿Y qué?

Mujer: Cree que nos vamos a escapar con su corbata.

Hombre: Espera que pague, por favor.

La Mujer niega con la cabeza.

Hombre: ¿Por qué?

Mujer: Porque sí. Porque soñé contigo, imagínate…Soñé que estabas parado al lado de una maleta suspendida en el aire, suspendida por unos grandes globos. Como si fuera mi cumpleaños, pero la gente no me dice “Feliz cumple!”, sino que él se fue, así como así, desaparición, adiós, un caos, ya lo sé.

Hombre: Yo –

La Mujer de repente le da un beso.

Mujer: Ves, nada. Y con él estoy feliz. Es piloto, sabes.

Hombre: Ah, sí. Guay.

Mujer: ¿Eso qué quiere decir?

Hombre: Nada, en serio.

Mujer: Me voy.

Hombre: ¿Y él, adónde vuela?

Mujer: ¿Adónde vuela, adónde va a volar? Es piloto, vuela, yo que sé. Vuela por todos lados, vuela por ahí. Por las ciudades donde los sueños se hacen realidad y todos son felices. Lo conocí en una convención, él me encontró el trabajo, lo de los billetes, en esa convención. Azafata de tierra, así se llama. Y era amable, cuando nos conocimos, en esa convención. Al día siguiente me trajo tulipanes. No colgaba pájaros en los árboles.

Un momento.

Mujer: Por qué me miras, así.

Hombre: Porque te ves diferente.

Mujer: Estoy cansada.

Hombre: No. Diferente.

Mujer (de repente irritada): Diferente, en serio. ¿Diferente, cómo?

Hombre: No lo sé.

Mujer: Te lo digo yo. Parezco como si todo fuera nuevo. ¿Vale?

Hombre. No lo pensé así –

Mujer: Es porque todo es nuevo.

Hombre: Sólo espero que estés feliz.

Un momento.

Mujer: Jódete.

Hombre: Hace días que te estoy siguiendo.

Mujer: Espera un poquito –

 

  1. El piso del padre, la lluvia 15:13

Hombre: Y eso ya ha podido hacer, ha podido esperar. ¿Qué más hay además de la espera? Se espera para vivir, se espera para ser entero, y luego se te pasa ese deseo. Y luego te olvidas de la espera, para que todo pase, para que todo se convierta en una única verdad. Y luego sólo un poco de esa espera inútil, y todo finalmente se acaba. Así pensaba ese Hombre, mientras en el cajón buscaba las pastillas del color alegre de la hipertensión. Y al volver al cuarto, su Padre le dijo que nunca había querido a su mujer, la madre del Hombre. De repente y así, porque cada espera tiene su principio, pero también tiene su final.

El Hombre se sienta al lado del padre.

Hombre: Espera un poco –

Padre (levanta las pastillas): Necesito agua, para éstas.

Hombre: ¿Y por qué me lo dices ahora?

Un momento.

Padre: No lo sé.

Un momento.

Hombre: No lo sabes.

Padre: Ya no lo sé.

Un momento.

Padre: Porque estás aquí, y yo estoy viejo. Porque me han dado un premio a la trayectoria. Porque Hegel explotó en la sala de estar. Porque todo el tiempo había otra mujer.

El Hombre se levanta y se va hacia el fregadero a buscar agua. Luego vuelve a la mesa.

Hombre: Aquí tienes.

Padre: Gracias.

El Padre coge el vaso, toma la pastilla. El Hombre se sienta.

Hombre: Quién era.

Padre: Estás farfullando.

Hombre: La otra mujer.

Padre: Quién era.

Hombre: Sí.

Un momento.

Padre: La conocí en Rusia, mientras estudiaba. Tenía marido y un hijo, ya en aquel entonces. Él trabajaba en algo con papeles, su marido. Era un burócrata, no habló mucho de él. Ella editaba libros, la Pravda rusa. Era bella y se llamaba Ana.

Hombre: Por ella viajabas todo el tiempo, allá.

Padre asienta con la cabeza.

Padre: Y entonces me escribió una carta. Que no fuera a verla nunca más. Que eso no tenía sentido. Una carta, hace veinticinco años, que se acabó. Una carta. Y yo fui igual, pero ella no me quería ver.

Un momento.

Padre: Pienso que me la voy a comer, cuando te vayas.

Hombre: ¿Qué cosa?

Padre: La carta, la tengo todavía.

Un momento.

Padre: Cuando uno está viejo, puede comerse las cartas, sin que eso le extrañe a la gente. ¿A ti te parece extraño?

Hombre: No, papá.

Padre: Estás farfullando.

Un momento.

Padre: ¿Qué? … Eso no tiene nada que ver con tu mamá.

Hombre: Hoy no.

Padre: Hoy no. Hoy me gustaría que ella estuviera acá, y no yo.

Hombre: Por qué.

Padre: Tú vendrías más a menudo.

Un momento.

Padre: Y ahora tengo que limpiar mis zapatos.

El Hombre asienta con la cabeza.

Padre: Si tuviera sólo un deseo –

Hombre: ¿Entonces, qué harías?

Un momento.

Padre: Ya no lo sé.

 

  1. En el bar, la lluvia, 17:40

El Hombre y la Mujer sentados en una mesa del bar.

Mujer: Así que, tú a mí…me sigues.

El Hombre asienta con la cabeza.

Mujer: ¿Hace mucho?

Hombre: Por ahí.

Mujer: Por ahí me sigues.

Hombre: Sí.

Mujer: Sí.

Un momento.

Mujer: Entonces sabes de él. Que está casado.

El Hombre niega con la cabeza.

Mujer: Ah, no sabes eso. Bueno, sí.

Un momento.

Mujer: Lo sigues haciendo.

Hombre: ¿Qué cosa?

Mujer: Juegas con las llaves.

Un momento.

Mujer: Y él no juega, él es una persona seria. Nada más que está casado. Tiene mujer, dos hijos, imagínate. Y yo lo sé desde el primer día, y sigo saliendo con él. Él tiene mujer, dos hijos y todo lo que yo tengo es el contagio de una rara desgracia que está esperando para dejar vacíos a todos los demás hogares… Y bueno, tiene mujer, ¿y qué? Igual, con los que están solteros a nuestra edad algo anda mal.

La Mujer se sonríe. El Hombre también.

Mujer: ¿No te parece? Tú por ejemplo, contigo algo anda mal.

Hombre asienta con la cabeza.

Mujer: Y yo soy una puta.

Hombre: No eres una puta.

Mujer: Sí, lo soy. Una puta total. Una puta de mierda.

La Mujer le da una bofetada.

Mujer: La gente nos está mirando.

La Mujer le da otra bofetada.

Un momento.

Hombre: ¿Quieres algo más fuerte?  ¿En vez del café?

Mujer: ¿Te parezco como si necesitara algo más fuerte?

Hombre: No sé. Te pregunto. Antes solías –

Mujer: Sí. Antes solía. ¿Por qué me sigues?

Un momento.

Mujer: Mira, me parece terrible todo esto.

Hombre: Entiendo.

Mujer: ¿Entiendes? Me temo que no. De hecho, no tienes ni idea, un caos. Para mí todo esto es totalmente, tú y yo y todo, simplemente no lo puedo hacer.

Hombre: No puedes.

Mujer: Me dejaste sin ninguna explicación.

Hombre: No sabía qué.

Mujer: ¿No sabías qué- qué?

Un momento.

Mujer: Ay, por favor. Ahora yo te diré algo.

La Mujer se levanta de repente. Y se para, pero sólo para tomar la chaqueta y se va. El Hombre se queda sentado. La Mujer vuelve en un par de momentos.

Mujer: Me olvidé del puto paraguas.

Hombre: Ey –

Mujer: Bueno, ¿para qué todo esto?

Hombre: Quiero que te quedes con mi perro.

 


Premios al texto

Premios al texto: Premio Nacional Marin Držić al mejor texto de teatro (2012)

Premios a la traducción

Premios a la traducción: Distinción del Premio Teatro del Mundo a la traducción – otorga el Centro Cultural Ricardo Rojas, UBA Buenos Aires (Nikolina Židek) (2017)

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