Categoría

DRAMA

Personajes

4 F + 5M

Hombre, 53 años

Mujer, 49 años

Mujer joven, 42 años

Enfermero, 28 años

Humanitario, 26 años

David, 16 años

Chica, 25 años

Ikebana, 41 años

Anciana, 82 años

Traducción

NIKOLINA ŽIDEK

Derechos de Autor

Tomislav Zajec

Derechos de Traducción

NIKOLINA ŽIDEK
info@teatrocroata.com

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Lo que falta.

En el texto Lo que falta de lo que menos se trata es el amor, y más sobre los traumas familiares como consecuencia de repetición de determinados modelos de comportamiento de generación en generación, que al final llevan a una tragedia. El texto trata el tema del enfrentamiento de dos hermanas con la muerte de la madre que las abandonó cuando eran niñas. Mientras una hermana, psicóloga de profesión, al parecer dispone de herramientas para poder enfrentar el trauma, la otra se enfrenta con el matrimonio que está fracasando y un hijo menor de edad que intenta sobrellevar la falta de comprensión de su propia identidad sexual, sin el apoyo de los padres, quienes, por su propia incapacidad de manejar las situaciones de la vida, están tan sólo físicamente presentes en su crecimiento. De esa manera, el muchacho busca intimidad en un lugar equivocado, y da el primer paso hacia su propia ruina, como también hacia la desintegración de la familia misma.

Fragmentos

Fragmento Versión Argentina

Aeropuerto, sala de espera. Viajeros esperando la salida. En uno de los asientos, un poco apartada de todo, está sentada la ANCIANA. En las manos tiene un gran disco LP. Pedro y el lobo. Está sola. El HOMBRE también está en la sala de espera. Enfrente de él, en el banco vecino, está sentado el HUMANITARIO, con una laptop en su regazo, parece centrado en lo que hace. El HOMBRE observa al HUMANITARIO y luego trabaja en su laptop. Como si estuviera comparando. Entre ellos está IKEBANA, tiene puesto el uniforme de personal de limpieza, empujando el carrito. IKEBANA llega a una puerta cerrada e intenta abrirla, pero no puede. En la bata busca las llaves, pero parece que no puede encontrar la correcta. La ANCIANA está inmóvil, mirando hacia delante.

 

ANCIANA

(Un poco solemne, casi como un profeta.) Érase una vez un caballero… alguien llamó al timbre de su puerta. Tres veces seguidas. Y él abrió. Y en la puerta, una tortuga. Y le dice la tortuga: «por favor, me puede prestar un poco de azúcar». Y el caballero mira a la tortuga, y sin contestar la levanta y la tira lejos a la calle. Lo más lejos que puede. Y cierra la puerta de un golpe. Pasa un mes, y otro mes, y luego el tercero. Y a ese mismo caballero alguien le llamó al timbre de su puerta. Tres veces seguidas. Y el abrió. Y en la puerta la misma tortuga. Y le dice la tortuga a ese caballero: «aquello fue de muy mala educación».

IKEBANA (Con su carro se acerca a la ANCIANA.) Señora‒

ANCIANA  Ha visto, la tortuga volvió.

IKEBANA  ¿Cómo?

ANCIANA  ¿Qué dice?

IKEBANA  Esta salida está cerrada.

ANCIANA  ¿Y en qué salida puedo mandar un paquete? Este disco. Disco LP. Pedro y el lobo.

IKEBANA  (La observa.) Esto es… Señora, está usted en el aeropuerto.

ANCIANA  (Calla. Dramática.) ¡De puta madre! (Un momento.) Estoy bromeando. (Un momento.) En parte.

IKEBANA la observa. La ANCIANA sonríe.

ANCIANA  (De nuevo con un tono normal.) Es bonito haber envejecido tanto que pueda salir a correos y terminar en el aeropuerto, ¿no?

 

IKEBANA se encoge de hombros. El HOMBRE se acerca al HUMANITARIO. Le muestra su portátil.

 

HOMBRE  Perdone… ¿este es usted?

HUMANITARIO  ¿Perdone?… no entiendo, yo-

HOMBRE  El de la foto. (Ahora está lo suficiente cerca, y está seguro.) Es usted.

HUMANITARIO  (Intenta irse. Nota que hay un problema.) No, no-

 

El HOMBRE le coge bruscamente de los hombros y le pega. El HUMANITARIO intenta escaparse, pero el HOMBRE le pega de nuevo, y cuando este se cae, le sigue golpeando en el suelo. Al mismo tiempo, como si no estuviera pasando nada…

 

ANCIANA  (De nuevo de manera profética, a IKEBANA.) Y le digo otra cosa. Porque me trata bien. En realidad la vejez es horrible, cuando se está solo. Pero la muerte… ooo… no, no… no hay nada bello en morirse. Ni noble, ni honrado. Ni luminoso. Solo una tonelada de mierda y una bilis negra y espesa que arde tanto que parece que te va a romper entero. Y un líquido turbio con flujos escondidos en la profundidad, como el Ganges o el Nilo, pero esos ríos no son conocidos y tampoco son sagrados y de hecho ni siquiera los puedes reconocer ni apartar de ti mismo, y entonces babean y gotean… gotean. Y mucha oscuridad. Mucha, mucha oscuridad. Tanta, que te da más miedo que nunca. Como si de repente fueras un viejo y un niño a la vez. Te da tanto miedo. Tanto. Y llega el final. Y eso de que el amor, de que todo es amor, de que al final siempre es el amor… a veces el amor no vale nada. Nada de nada. Y solo esto para acabar. Todo lo que tiene que ver con el otro lado nunca es bonito.

 

El HOMBRE de repente para. El HUMANITARIO está inquieto en el suelo. IKEBANA camina alrededor de él, como si se estuviera preguntando qué puede hacer con él.

 

ANCIANA  (Se encoge de hombros.) Y tal vez yo esté bromeando, nada más.

 

La ANCIANA se levanta y sale. El HUMANITARIO se queda en el suelo. La MUJER está sentada en la mesa de su cocina. Coge la botella de whisky, se sirve, bebe. Se levanta. Está inquieta. No sabe adónde ir. Se va hacia la puerta cerrada que hasta hace un momento IKEBANA intentaba abrir. Toca.

 

MUJER  David‒

 

La MUJER  espera. Vuelve a la cocina. Pone la comida sobre la bandeja, la lleva delante de la puerta cerrada y la coloca en el suelo.

 

MUJER  Bueno. Como quieras. El almuerzo está delante de la puerta, así que cuando quieras.

 

No hay respuesta. La MUJER vuelve a la cocina. En la mesa limpia los restos de la comida. Los deja. De nuevo se va hasta la puerta cerrada.

 

MUJER  David… ¿me abres?… por favor‒

 

No hay respuesta. Se separa de la puerta, pero vuelve enseguida.

 

MUJER  (Nerviosa.) O dime tan solo cuánto va a dura esto. Por saber nada más… por hacer planes… ¿sabes, David?

 

No hay respuesta. La MUJER llama a la puerta de nuevo. Con cuidado.

 

MUJER

¿No tienes hambre?

 

No hay respuesta. La MUJER vuelve a la mesa. Se sienta. De nuevo bebe. Espera. Llora. Se seca las lágrimas. Espera de nuevo. Y luego el sonido de la llave en la puerta de entrada. La MUJER se levanta, escucha. Entra HOMBRE. Se observan.

 

HOMBRE  Hola.

MUJER  Hola–

 

Silencio.

 

HOMBRE  ¿Acaso he llegado en mal momento?

MUJER  Pero, no…

 

Se observan incómodos.

 

MUJER   (Finalmente.) No esperaba que fueras a venir.

HOMBRE  Pero te dije que sí.

MUJER Es decir, que ibas a venir… así.

HOMBRE ¿Cómo?

MUJER  (Se encoge de hombros.) Como si todavía vivieras aquí. Así, supongo.

HOMBRE (Mira la llave que todavía tiene en la mano.) La costumbre, perdón.

MUJER Sí.

 

La MUJER está a punto de llorar. El HOMBRE la observa y se acerca.

 

HOMBRE ¿Cómo estás?

MUJER (Lo observa.) Estoy cansada, nada más.

 

El HOMBRE la sonríe, ve lo nerviosa que está. Lentamente la acerca hacia él. La MUJER se deja. Necesita consuelo.

 

HOMBRE  Lo veo, sí.

MUJER Yo también.

HOMBRE ¿El qué?

MUJER No sé. No te afeitaste.

 

HOMBRE Que sí. Esto es… la barba crecen más rápido en los aeropuertos.

 

La MUJER sonríe. El HOMBRE la acaricia.

 

MUJER ¿Y qué, últimamente estás escribiendo poesía también?

 

Sonríen. El HOMBRE besa a la MUJER. Se besan.

La MUJER JOVEN está delante de una puerta blanca de hospital. Espera. Probablemente también durante la escena anterior. En la falda tiene una bolsa con cosas. De repente, a su lado pasa rápidamente el ENFERMERO con una caja llena de cosas. La MUJER JOVEN se levanta.

 

MUJER JOVEN Buenos días–

 

El ENFERMERO prosigue.

 

MUJER JOVEN Perdone–

 

El ENFERMERO no para y sale. La MUJER JOVEN lo sigue con la mirada y luego se sienta de nuevo. Saca el pañuelo, se suena la nariz. Por el pasillo pasa IKEBANA, vestida con un uniforme de personal de limpieza, empujando el carrito con el equipo de limpieza. Se detiene al lado de la MUJER JOVEN.

 

IKEBANA Son los niños.

MUJER JOVEN ¿Perdón?

IKEBANA  Crueles y malos, hasta el final. Hacen todas esas cosas terribles.

MUJER JOVEN  No lo sabía.

IKEBANA  Las hacen, las hacen. Yo limpio por todos lados. Miro. Veo. Lo sé.

 

La MUJER JOVEN la observa sin palabras. IKEBANA señala el pañuelo que la MUJER JOVEN tiene en la mano.

 

IKEBANA  ¿ Puedo?

 

IKEBANA le ofrece el cubo de basura. La MUJER JOVEN la observa y después de unos segundos tira el pañuelito en el cubo.

 

IKEBANA  Gracias.

 

IKEBANA mira fijamente a la MUJER JOVEN, que le devuelve la mirada.

 

La MUJER y el HOMBRE se han apartado. Están un poco incómodos. El HOMBRE sigue buscando contacto. La MUJER se retrae.

 

MUJER  ¿Y qué tal? El viaje, digo.

HOMBRE  (Se encoge de hombros.) Un simposio.

MUJER  Ah, sí, un simposio. Los famosos simposios, ¿no? Quieres un café.

HOMBRE Y tú estás tomando‒

MUJER  (Le interrumpe.) Yo estoy tomando un whisky.

 

El HOMBRE asiente con la cabeza, ella le sirve un whisky. Beben. No se miran.

 

HOMBRE  ¿Cuándo te has enterado?

MUJER  Esta mañana, temprano. Estaban esperando a que fuera por la mañana. Según el protocolo.

 

El HOMBRE la observa callado.

 

MUJER  Ya ves, sí. Durante dos horas ni siquiera deben tocarles, según ese protocolo que tienen. Entonces hacen… bueno, eso, el último chequeo y todo lo demás. Las cosas, la burocracia. Yo qué sé. Los formularios, la documentación médica, los papeles, la causa de la muerte… el alta. Supongo que es una ventaja, ¿no crees? La recompensa cuando alguien se muere durante la noche, por lo tanto… supongo que tienen tiempo para hacerlo todo, ella murió en mitad de la noche, a las dos y cincuenta. Aquí, lo he anotado en un papelito, dos y cincuenta. Y a ti se te ve cansado.

 

Mientras tanto el HOMBRE ha sacado el móvil y ha mirado la pantalla. Se ha distraído. La MUJER lo ha notado.

 

HOMBRE  ¿Cómo?

 

MUJER  ¿Mucho lío?

 

El HOMBRE guarda el móvil.

 

MUJER  Te he avisado solo para que lo supieras, no hacía falta–

 

HOMBRE  (Quiere convencerla.) No, quería. De verdad.

 

El HOMBRE intenta acercársele de nuevo, pero el momento ya ha pasado, y se retira solo. La MUJER lo observa callada, él aguanta con dificultad esa mirada.

 

HOMBRE ¿Y David está en casa?

 

El ENFERMERO vuelve y se acerca a la MUJER JOVEN que se levanta de nuevo. IKEBANA sale lentamente.

 

ENFERMERO  Perdone por hacerla esperar, hay mucho lío esta mañana. Usted es–

MUJER JOVEN  ¿Perdón? (Entiende la pregunta.) Ah, eso, sí. Yo soy… pariente, familia‒

 

El ENFERMERO la mira confundido.

 

MUJER JOVEN  Yo soy su hija.

 

El ENFERMERO asiente con la cabeza.

 

MUJER JOVEN  Pero no quería entrar sola.

ENFERMERO  De la señora.

MUJER JOVEN  Sí. De la señora.

MUJER JOVEN  (Muestra la bolsa.) He traído las cosas.

 

El ENFERMERO la observa.

 

MUJER JOVEN  Quiero decir, han dicho que hace falta. La ropa, para cambiarla. Es lo que he encontrado en su casa. Supongo que le quedará bien.

ENFERMERO  Seguro que sí.

MUJER JOVEN  ¿Usted cree?

 

El ENFERMERO asiente con la cabeza.

 

MUJER JOVEN  ¿Cómo lo sabe? Ni siquiera se ha fijado.

 

El ENFERMERO coge la bolsa sin ganas, echa una mirada.

 

ENFERMERO  Sí, señora.

MUJER JOVEN  (Sigue sin convicción.) Sí.

ENFERMERO  ¿Quiere entrar?

 

La MUJER JOVEN lo observa callada.

 

ENFERMERO ¿Necesita algún tranquilizante?

 

MUJER JOVEN  (Un poco irónica.) ¿Qué se ofrece?

 

El ENFERMERO se detiene desconcertado. La MUJER JOVEN niega con la cabeza.

 

MUJER JOVEN  No necesito nada.

ENFERMERO (Abre la puerta.) Pase.


Premios al texto

Premio Nacional Marin Držić al mejor texto de teatro (2014)

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