Foto por: Nora Lezano

Categoría

DRAMA

Personajes

5F + 5M

BRANKO
25 años

MIA
su madre, 50 años

ROBERT
su padre, 50 años

DORIS
su hermana, 20 años

ANA
su abuela, 70 años

OLIVER
su abuelo, 70 años

RITA
su tía, 45 años

MIHAEL
marido de Rita, 55 años

SARA
amiga de Doris y Branko, 25 años

TIN
amigo de Doris, 28 años

Traducción

NIKOLINA ŽIDEK

Derechos de Autor

IVOR MARTINIĆ

Derechos de Traducción

NIKOLINA ŽIDEK
info@teatrocroata.com

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Mi hijo sólo camina un poco más lento.

Sinopsis

En el centro de atención está la relación entre la madre y el hijo que padece una enfermedad innombrada. El drama hace la pregunta fundamental sobre cómo aceptar al Otro, diferente, al que queremos, pero no podemos y no sabemos ayudar.

Palabras del Autor

El tema central del texto Mi hijo sólo camina un poco más lento es la enfermedad que lleva a la reflexión sobre la fugacidad de la vida y como la enfrentamos, dada la fecha de nuestra caducidad. ¿De dónde sacamos la esperanza y qué es importante en esa situación de crisis? ¿Qué se puede saber con seguridad sobre la vida? En este texto las relaciones familiares están deterioradas por la aparición de la enfermedad y salen a flote sensaciones de abandono, amargura, impotencia e imposibilidad de superar prejuicios propios, profundamente arraigados hacia los que son diferentes de nosotros. El texto habla de los egoísmos de todos los miembros de la familia incapaces de aceptar la fugacidad de la vida. Sus seres frágiles se quiebran ante la enfermedad, porque está fuera de su poder. La familia se revela como una comunidad egoísta que acepta las concesiones con dificultad. Dado que la familia es la unidad elemental de la sociedad, eso se refleja en el momento actual. La imposibilidad de aceptar la enfermedad y la diversidad de las personas cercanas nos lleva a una discrepancia entre el autoengaño y la realidad. La familia del texto Mi hijo sólo camina un poco más lento se enfrenta con la distrofia, la demencia y la homosexualidad, y sus miembros están divididos entre lo que quieren que alguien sea y lo que ese alguien realmente es. Por eso caen en estados de autocomplacencia y llegan a la sensación de fugacidad y falta de autorrealización. Ese egoísmo hace que no escuchan el uno al otro y los hace incapaces de demostrar el amor que llevan adentro.

Fragmentos

Fragmento Versión Argentina

Rita abre la puerta. Observa a Mia. Se miran. Son hermanas, aunque lo olvidan a menudo.

 

RITA: Hola.

MIA: Hola.

 

Silencio.

 

MIA: Sentate.

 

Las hermanas se sientan.

 

RITA: Bueno, vine más temprano.

MIA: Qué bien de tu parte.

RITA: Qué le voy a hacer. ¿Te doy una mano?

MIA: No hace falta, gracias.

RITA: ¿Ni siquiera para poner la mesa?

MIA: La torta no está todavía.

RITA: ¿Ah, no?

MIA: No salió bien, así que la tiré. Ahora estamos haciendo otra.

RITA: Yo quería traer una, pero es un día soleado, se derretiría en un día así de lindo.

 

Mia y Rita están sentadas. Callan.

 

RITA: Mi gata está bien, no tiene cáncer.

MIA: Perdoname, me olvidé, no te pregunté.

RITA: No importa. Está bien. Pensaba que se iba a morir, pero no. Ahora en febrero se podndrá loca otra vez. No me gusta dejarla salir, pero tendré que hacerlo. La tenés que dejar que salga, para que coja aunque sea un poco.

MIA: ¿Y tu perro cómo está?

RITA: Está bien. No le gustó mucho que la gata no tenga cáncer, pero bue, se acostumbrará.

MIA: Bue.

 

Silencio.

 

MIA: ¿Cómo vinieron?

RITA: En el auto. Vi un choque, todavía estoy temblando.

MIA: ¿Hubo muertos?

RITA: Sólo vi la sangre, mucha sangre. Los autos son muy rápidos cuando lo pensás, pueden ir muy rápido y no son seguros, ¿qué es seguro sobre las ruedas? ¿Qué es seguro en un círculo? Ni siquiera la tierra es segura, es redonda, todo el tiempo ocurren terremotos. Antes la tierra era una tabla plana. Entonces no existían los automóviles. Era todo seguro.

MIA: ¿Y tu marido dónde está?

RITA: Se fue a ver el nuevo parque.

MIA: Lo arreglaron.

RITA: Dijiste qu sí. Qué bien que lo hayan arreglado.

MIA: Sí.

 

Silencio.

 

RITA: Está un poco silencioso acá.

MIA: Se acostaron un poco antes de la fiesta, y Branko se está duchando.

RITA: ¿Puede hacerlo sólo?

MIA: Puede.

RITA: Qué bien, que lo pueda hacer solo. Si tuvieras que sostenerlo cuando se ducha, eso te quitaría mucho tiempo. Menos mal que la puerta del baño es grande, así que le queda práctico para pasar. Y, al pensarlo mejor, es práctico que viven en una casa grande con puertas anchas. ¿Vos no podés dormir?

MIA: Me quedé sin pastillas.

RITA: ¿Cuáles usás?

MIA: Valeriana.

RITA: Esas no te sirven para nada. Yo descubrí unas nuevas, las inventaron recién, las reservé por Internet, vinieron desde Canadá, son excelentes.

 

Rita abre la cartera y de ella se desparraman miles de pastillas.

 

MIA: ¿Vos y Mihael están bien?

RITA: Ahí andamos.

MIA: Me alegro.

RITA: Ah… sí.

MIA: Se les ve bien juntos. Antes no se les veía tan bien.

RITA: Está engordando últimamente, está comiendo mucho. Le digo no comas tanto, cerdo, pero no me hace caso.

MIA: Es raro que vos estés casada. Todos pensábamos que vos nunca te ibas a casar.

RITA: Yo también. Era inteligente.

MIA: Y fea. Pero inteligente y talentosa, no como yo.

RITA: Podía haber dado la vuelta al mundo entero, era tan inteligente. Y era tan ambiciosa como fea.

MIA: ¿Entonces, por qué te casaste?

RITA: ¿Por qué me casé? ¿Por qué me preguntás por qué me casé? A veces veo una película sobre las momias, los chinos malos, los zombis y me da miedo. Entonces me voy a la cama y abrazo fuerte a mi marido. Eso es por qué me casé.

MIA: ¿Por los chinos malos?

RITA: No sé, puede ser que sean japoneses.

 

Silencio.

 

MIA: Llamó tu hijo a la tarde. Habló con Branko.

RITA: Le dijimos que lo llamara.

MIA: Qué amable de su parte. Seguro que la está disfrutando.

RITA: Disfrutando.

MIA: Trabaja en otra ciudad.

RITA: Trabaja.

MIA: Usa traje y corbata.

RITA: Usa.

MIA: Y camina.

 

Silencio.

 

MIA: Mi Branko también camina. Sólo un poco más lento.

 

Silencio.

 

MIA: Es bueno mi nene. Y yo ni siquiera pude hacerle la torta.

 

Silencio.

 

MIA: Y vos tenés un marido que mira los parques. Y a un hijo que la está disfrutando.

RITA: Anoche me llamó mi hijito. Le subieron el sueldo y le dieron tres pasajes para viajes a destinos lejanos. Es talentoso y ambicioso, salió a mí. Ya conoció todos los continentes, tan joven. Me llamó para decírmelo, y yo no sabía qué decirle. Ya no sé por qué me alegro tan poco por sus éxitos.

MIA: No se olvidó de vos, Rita.

RITA: Ya lo sé. Yo me estoy olvidando de él. Plancha las camisas mejor que yo. Un idiota egocéntrico.

MIA: Es bueno.

RITA: No sé. Pensé que iba a ser diferente. Por suerte tengo un perro y una gata. Son más chiquitos y se alegran por verte hasta que tengan cáncer o se mueran. Y los canarios también. Pienso que me voy a comprar uno verde. Hoy hay jaulas firmes, no creo que la gata se lo coma, y si se lo come, qué le voy a hacer, compraré otro, azul. Nunca tuve un animal azul.

MIA: Me vas a tener que dar esas pastillas canadienses.

RITA: Dale. Gasto mucho en medicamentos. Ojalá pudiera rezar a Dios y creer, es más barato. Pero no me sale. ¿Vos lo probaste?

MIA: Nunca me convencía.

 

Silencio.

 

MIA: ¿Pero sabés qué me ayuda?

RITA: ¿Qué?

MIA: A veces, antes de irme a dormir, sólo un poquito, a veces me imagino que mi hijo esté caminando.

RITA: Qué bien. Yo también a veces me imagino cosas..

 

Silencio.

RITA: Mi hijo es puto. Ya está, lo dije.

 

Silencio.

 

MIA: ¿Cómo estás?

RITA: Bien. No es fácil, ser homosexual.

MIA: No.

RITA: Pero al pensarlo bien, tampoco está tan loco.

 

Silencio.

 

MIA: ¿Mihael?

RITA: No se lo dije todavía. Espero que me haga enojar por algo para decirle: ¡tu hijo es puto, tu hijo es puto! Capaz que le agarre un infarto y se muera, nunca se sabe.

 

Silencio.

 

MIA: No se puede saber nada.

RITA: Nada.

 

Las dos hermanas de entienden.

 

Entra Ana. Está buscando algo.

 

ANA: No sé dónde está mi tapado de piel que me compró Viktor.

RITA: No te compraba tapados de piel .

ANA: Sí. Me lo dijo Branko. Y me llevaba de viajes.

RITA: Dejalo, mamá.Vení que te doy un beso.

 

Rita le da un beso a la madre.

 

 

ANA: ¿Y él donde está ahora? ¿Viktor?

MIA: Murió.

ANA: ¿Murió? Murió.¿Estuve triste?

MIA: Mucho tiempo después, cuando supiste. Dijiste que lo habías dejado.

ANA: ¿Dejado? ¿Por qué?

RITA: Volviste con papá.

ANA: ¿Por qué iba a volver con papá? Si no lo quería.

RITA: No lo sabemos, mamá.

ANA: ¿Por qué iba a volver con papá? Viktor era el único al que quería.

RITA: No sabemos, mamá.

ANA: Mienten, hijas de puta, mienten. ¡Y eso que yo les di todo!

MIA: Tranquilizate, mamá.

ANA: ¡Mienten, hijas de puta, mienten!

RITA: ¡Callate, mamá! ¡Estás hablando constantemente de ese Viktor desde que te enfermaste! ¡Cortala! Si no hubiera muerto, ¿pensás que habría sido amor!?¿Dónde está el amor? ?¿Dónde vive?¡Amoooooooooor! ¿Dónde estás? ¿Amoooooooooor? ¡Amoooooooooor! Lo vi sólo en la tele. Duró 180 episodios y se acabó. El casamiento de los protagonistas y zas- la oscuridad, fin del programa. ¡No hables más de ese amor, mamá!

 

Silencio.

 

ANA: ¡Ojalá nos enamoráramos!

 

Entra Oliver.

 

ANA: ¡Hijo de puta!

 

Ana se va y la sigue Rita.

 

OLIVER: ¿Qué pasó?

MIA: Mamá, otra vez hablando de Viktor.

 

Silencio.

 

 

OLIVER: ¿Necesitás una mano?

MIA: No, estamos bien.

 

Silencio.

 

MIA: Papá, ¿a vos te da pena, ahora que estás grande, te vas a morir pronto, te da pena por haberte casado y haber creado todo esto alrededor nuestro?

 

Silencio.

 

MIA: Te hice una pregunta, papá. ¿Te da pena por haber hecho todo esto? ¿Lo sentís por haberte casado con mamá? ¿Ahora que está tan enferma?

OLIVER: Estoy viejo, no lo sé.

 

Silencio.

 

MIA: Dale, me lo podés decir. Estás viejo, te vas a morir pronto, y yo no le voy a decir a nadie lo que me dijiste. Decime papá. ¿Lo sentís por tener la familia ahora que estás tan viejo y te vas a morir pronto? ¿Te significamos algo, nosotros, las cáscaras vacías que te rodeamos, feas y malolientas? Te significa algo ahora que estás tan viejo y estás por morirte?

 

OLIVER: ¿Qué querés de mí?

 

MIA: Sólo decime si vale la pena? ¿Si todo esto vale la pena, papá? Lo de llorar tanto por Branko, lo que me duele? ¿Tengo que seguir así o no me tengo que preocupar tanto por el dolor? ¡Todos nos vamos a morir como vos, que ya estás viejo, y estás por morirte, capaz que ya te moriste, pero no se lo dijiste a nadie, y yo todos estos años no logré saber nada de vos, y vos te vas a morir y yo no lograre saber nada de vos! ¿Vale la pena vivir, papá?

 

Silencio. Silencio largo. Y entonces Oliver se encoge de hombros. No sabe. O no quiere decir. Algunos secretos no se pueden revelar.

 

Mia lo agarra de los hombros. Toca los hombros de su padre en los que hace mucho tiempo la llevaba.

 

MIA: Bueno, por lo menos te toqué.

 

Silencio.

MIA: Vení, te vamos a buscar una corbata para la fiesta.

OLIVER: Es el cumple de un chico de 25 años.

MIA: Da igual. Vamos…

 

Mia y Oliver se van.

 

Entra Branko. Mira donde vive.

 

Se le acerca Ana. Estaba llorando un poco.

ANA: No puedo encontrar el tapado que me regaló Viktor.

BRANKO: Tal vez esté en el altillo.

ANA: No tenemos altillo.

BRANKO: No tenemos altillo.

 

Silencio.

 

ANA: Sí, debe estar en el altillo.

 

Silencio

 

ANA: Hace poco me acordé de todo.

BRANKO: ¿De qué?

ANA: De que no hubo ningún Viktor.

 

Silencio.

 

BRANKO: Te acordaste mal. No pienses en eso. Desde que te enfermaste, estás hablando de Viktor constantemente. ¿Cómo no iba a existir, abuela?

ANA: Viktor nunca existió. Lo inventé todo.

 

Silencio.

 

ANA: Viktor no existe. No existe. Tuve una vida aburrida, no me extraña que la haya olvidado. Esa vida seguía y seguía y yo pensaba, capaz que iba a pasar algo, pero nunca pasó nada y entonces inventé lo que inventé. Así que mentí un poco, y cuando me olvidé de todo, la única cosa de la que me acordaba era lo que había mentido. Porque lo que mentí era lo más lindo.

 

Silencio.

 

ANA: Y Branko… No se lo digas a Oliver.

 

Ana se va.

 

Entra Mia.

 

MIA: ¿Qué pasa?

BRANKO: Nada. La abu…

MIA: Hoy tiene un día difícil.

BRANKO: Supongo, sí.

MIA: Quería decirte que si querés decirme algo, acá estoy. Yo estoy… bien. Puedo soportarlo. Sólo eso quería decirte para que lo sepas. Que si necesitás algo… Bue. Te quiero.

Silencio.

 

MIA: Todavía no te compré el regalo. Ya no sé qué querés. Estás creciendo. La barba te está creciendo tan rápidamente, te tenés que afeitar todos los días. Tal vez te compre una máquina para afeitarte o algo parecido. Me gusta cuando tenés el rostro terso, como la cola de un bebé.

BRANKO: Ya me compraste suficientes cosas.

MIA: No digas tonterías, no nos cuesta gastar en vos. Decime, ¿qué querrías?

BRANKO: ¿Para el regalo?

MIA: Sí. ¿Qué querrías?

BRANKO: Nada.

MIA: Dale, no seas tan modesto. Sos tan modesto, tanto que nos sacás de quicio. Es tu cumple, ¡te tenemos que comprar un regalo! Tengo que salir antes de que cierren los negocios. ¿Me querés acompañar? ¿Elegir algo vos mismo?

BRANKO: Sabés que no puedo correr, y vos vas a estar apurada, los negocios sierran en media hora.

 

Silencio.

 

MIA: No sé si voy a tener suficientes platos para la torta. ¿Sara viene?

BRANKO: Sí.

MIA: Tal vez no quiera comer la torta. Pero si quiere, se la daremos en un plato de plástico.

BRANKO: Sara me quiere.

 

Silencio.

 

MIA: Yo puedo comer de un plato de plástico.

 

Silencio.

 

BRANKO: Yo no la quiero a ella.

MIA: Entonces no vamos a necesitar los platos de plástico, para no mezclarlos en vano.

BRANKO: Yo no la quiero, pero ella a mí me quiere y eso está perfectamente bien.

MIA: ¿Qué estás diciendo?

BRANKO: Tengo que practicar esta vida un poco, mamá.

MIA: ¡Vos te merecés una mejor! ¡Mucho mejor!

 

Callan.

 

MIA: No me mires así.

 

Silencio.

 

BRANKO: Mamá, perdoname por no poder caminar.

 

Silencio.

BRANKO: Yo no camino y nunca más voy a caminar y eso es así. Bastante sencillo, ¿no te parece?

 

Silencio.

 

MIA: Eso es solo porque soy tu mamá! Tu enfermedad es la mía, pero la mía es más difícil porque yo camino.

BRANKO: Lo sé…

MIA: Pero estoy mucho mejor, creéme. Hoy, por ejemplo, no lloré mucho. ¡Y ya no le digo a los vecinos que sólo caminás un poco más lento! ¡Ves que estoy mejor! ¡Esta mañana estuve en el supermercado y dije que hoy es tu cumple y el vendedor me preguntó cómo estábas y yo le dije que ya no caminás pero que estás bien! ¡Que ya no caminás un poco más lento, sino que no caminás y punto! Y él me miró con piedad, pero yo estaba orgullosa por haber podido decirlo. ¡Vos no caminás! ¡Vos te movés manejando!

BRANKO: Mamá…

MIA:¿Qué?! No es lo que querías que dijera desde que te enfermaste? Bueno, lo estoy diciendo! ¡Vos no caminás! ¡Vos no podés caminar! ¡Mi hijo no camina! ¡Sus piernas no funcionan! ¡Él nunca va a caminar! ¡Y yo lo puedo decir! ¡Ya está, lo dije!

 

Silencio.

 

MIA: Perdoname.


Fragmento Versión Española

 

Rita abre la puerta. Observa a Mia. Se miran. Ellas son hermanas, aunque lo olvidan a menudo.

 

RITA: Hola.

MIA: Hola.

 

Silencio.

 

MIA: Siéntate.

 

Las hermanas se sientan.

 

RITA: Bueno, he venido más temprano.

MIA: Qué bien de tu parte.

RITA: Qué le voy a hacer. ¿Te echo una mano?

MIA: No hace falta, gracias.

RITA: ¿Ni siquiera para poner la mesa?

MIA: La tarta no está lista todavía.

RITA: ¿No?

MIA: No ha salido bien, así que la tiré. Ahora estamos haciendo otra.

RITA: Yo quería traer una, pero es un día soleado, se derretiría en un día así de bonito.

 

Mia y Rita están sentadas. Callan.

 

RITA: Mi gata está bien, no tiene cáncer.

MIA: Perdóname, se me ha olvidado, no te he preguntado.

RITA: No importa. Está bien. Pensaba que se iba a morir, pero no. Ahora en febrero se pondrá loca otra vez. No me gusta dejarla salir, pero tendré que hacerlo. La tienes que dejar que salga, para que folle aunque sea un poco.

MIA: ¿Y tu perro cómo está?

RITA: Está bien. No le ha gustado mucho que la gata no tenga cáncer, pero bueno, ya se acostumbrará.

MIA: Bueno.

 

Silencio.

 

MIA: ¿Cómo han venido?

RITA: En el coche. He visto un choque, todavía estoy temblando.

MIA: ¿Ha habido muertos?

RITA: Sólo he visto sangre, mucha sangre. Los coches son muy rápidos cuando lo piensas, pueden ir muy rápido y no son seguros, ¿qué hay de seguro sobre las ruedas?

¿Qué hay de seguro en un círculo? Ni siquiera la tierra es segura, es redonda, todo el tiempo ocurren terremotos. Antes la tierra era una tabla plana. Entonces no existían los coches. Era todo seguro.

MIA: ¿Y tu marido dónde está?

RITA: Se ha ido a ver el nuevo parque.

MIA: Lo han arreglado.

RITA: Lo has dicho, sí. Qué bien que lo hayan arreglado.

MIA: Sí.

 

Silencio.

 

RITA: Está un poco silencioso aquí.

MIA: Se han acostado un poco antes de la fiesta, y Branko se está duchando.

RITA: ¿Puede hacerlo sólo?

MIA: Puede.

RITA: Qué bien, que lo puede hacer solo. Si tuvieras que sostenerlo cuando se ducha, eso te quitaría demasiado tiempo. Menos mal que la puerta del baño es grande, así puede pasar. Y, al pensarlo mejor, es práctico que vivan en una casa grande con puertas anchas.

¿Tú no puedes dormir?

MIA: Me he quedado sin pastillas.

RITA: ¿Cuáles usas?

MIA: Valeral.[1]

RITA: Esas no te sirven para nada. Yo he descubierto unas nuevas, recién inventadas, las he reservado por Internet, desde Canadá, son excelentes.

 

Rita abre la cartera y de ella se desparraman miles de pastillas.

 

MIA: ¿Tú y Mihael estáis bien?

RITA: Nos la apañamos.

MIA: Me alegro.

RITA: Ah… sí.

MIA: Se os ve bien juntos. Antes no se os veía tan bien.

RITA: Está engordando últimamente, está comiendo mucho. Le digo, no comas tanto, cerdito comilón, pero no me hace caso.

MIA: Es raro que tú estés casada. Todos pensábamos que tú nunca te ibas a casar.

RITA: Yo también. Era inteligente.

MIA: Y fea. Pero inteligente y talentosa, no como yo.

RITA: Podía haber dado la vuelta al mundo entero, era tan inteligente. Y era tan ambiciosa como fea.

MIA: ¿Entonces, por qué te casaste?

RITA: ¿Por qué me casé? ¿Por qué me preguntas por qué me casé? A veces veo una película sobre las momias, los chinos malos, los zombis y me da miedo. Entonces me voy a la cama y abrazo fuerte a mi marido. Por eso me casé.

MIA: ¿Por los chinos malos?

RITA: No sé, puede ser que sean japoneses.

 

Silencio.

 

MIA: Ha llamado tu hijo esta tarde. Ha hablado con Branko.

RITA: Le dijimos que lo llamara.

MIA: Qué amable de vuestra parte. Seguro que la está disfrutando.

RITA: Disfrutando.

MIA: Trabaja en otra ciudad.

RITA: Trabaja.

MIA: Usa traje y corbata.

RITA: Usa.

MIA: Y camina.

 

Silencio.

 

MIA: Mi Branko también camina. Sólo un poco más lento.

 

Silencio.

 

MIA: Es bueno mi niño. Y yo ni siquiera pude hacerle la tarta.

 

Silencio.

 

MIA: Y tú tienes un marido que mira los parques. Y a un hijo que la está disfrutando.

RITA: Anoche me ha llamado mi hijito. Le han subido el sueldo y le han dado tres billetes para viajes a destinos lejanos. Es talentoso y ambicioso, salió a mí. Ya conoce todos los continentes, tan joven. Me ha llamado para decírmelo, y yo no sabía qué decirle. Ya no sé por qué me alegro tan poco a sus éxitos.

MIA: No se ha olvidado de ti, Rita.

RITA: Ya lo sé. Yo me estoy olvidando de él. Plancha las camisas mejor que yo. El idiota egocéntrico.

MIA: Es bueno.

RITA: No sé. Pensé que iba a ser diferente. Por suerte tengo un perro y una gata. Son más pequeños y se alegran por verte hasta que tengan cáncer o se mueran. Y los canarios también. Pienso que me voy a comprar uno verde. Hoy existen jaulas firmes, no creo que la gata se lo coma, y si se lo come, qué le voy a hacer, compraré otro, azul. Nunca tuve un animal azul. Me llevo bien con los animales, pienso que es porque no hablamos la misma lengua.

MIA: Me vas a tener que dar esas pastillas canadienses.

RITA: De acuerdo. Gasto mucho en medicamentos. Ojalá pudiera rezar a Dios y creer, es más barato. Pero no me sale. ¿Tú lo has probado?

MIA: Nunca me ha convencido.

 

Silencio.

 

MIA: ¿Pero sabes qué me ayuda?

RITA: ¿Qué?

MIA: A veces, antes de irme a dormir, sólo un poquito, a veces me imagino que mi hijo esté caminando.

RITA: Qué bien. Yo también a veces me imagino cosas.

 

Silencio.

 

RITA: Mi hijo es maricón. Ya está, lo dije.

 

Silencio.

 

MIA: ¿Cómo estás?

RITA: Bien. No es fácil, ser homosexual.

MIA: No.

RITA: Pero al pensarlo bien, tampoco está tan loco.

 

Silencio.

 

MIA: ¿Mihael?

RITA: No se lo he dicho todavía. Espero que me haga enojar por algo para decirle: ¡tu hijo es maricón, tu hijo es maricón! Tal vez le dé un infarto y se muera, nunca se sabe.

 

Silencio.

 

MIA: No se puede saber nada.

RITA: Nada.

 

Las dos hermanas se entienden. Entra Ana. Está buscando algo.

ANA: No sé dónde está mi abrigo de piel que me compró Viktor.

RITA: No te compraba abrigos de piel.

ANA: Sí. Me lo dijo Branko. Y me llevaba de viaje.

RITA: Déjalo, mamá. Ven que te doy un beso.

 

Rita le da un beso a la madre.

 

ANA: ¿Y él donde está ahora? Viktor.

MIA: Murió.

ANA: ¿Murió? Murió. ¿Estuve triste?

MIA: Mucho tiempo después, cuando supiste. Dijiste que lo habías dejado.

ANA: ¿Dejado? ¿Por qué?

RITA: Volviste con papá.

ANA: ¿Por qué iba a volver con papá? Si no lo quería.

RITA: No lo sabemos, mamá.

ANA: ¿Por qué iba a volver con papá? Viktor era el único al que quería.

RITA: No sabemos, mamá.

ANA: Mienten, hijas de puta, mienten. ¡Y yo les di todo!

MIA: Tranquilízate, mamá.

ANA: ¡Mentís, hijas de puta, mentís!

RITA: ¡Cállate, mamá! ¡Estás hablando constantemente de ese Viktor desde que te enfermaste! ¡Basta! Si no hubiera muerto, ¿piensas que habría sido amor!?¿Dónde está el amor? ?¿Dónde vive?¡Amoooooooooor! ¿Dónde estás? ¿Amoooooooooor?

¡Amoooooooooor! Lo he visto sólo en la tele. Duró ciento ochenta episodios y se acabó. El casamiento de los protagonistas y zas- la oscuridad, fin del programa. ¡No hables más de ese amor, mamá!

 

Silencio.

 

ANA: ¡Ay, ojalá nos enamoráramos!

 

Entra Oliver.

 

ANA: ¡Hijo de puta!

 

Ana se va y Rita la sigue.

 

OLIVER: ¿Qué pasa?

MIA: Mamá, otra vez hablando de Viktor.

 

Silencio.

 

OLIVER: ¿Necesitas una mano?

MIA: No, estamos bien.

 

Silencio.

 

MIA: Papá, ¿a ti te da pena, ahora que estás grande, te vas a morir pronto, te da pena por haberte casado y haber creado todo esto alrededor nuestro?

 

Silencio.

 

MIA: Te he hecho una pregunta, papá. ¿Te da pena por haber hecho todo esto? ¿Te arrepientes por haberte casado con mamá? ¿Ahora que está tan enferma?

OLIVER: Estoy viejo, no lo sé.

 

Silencio.

 

MIA: Oye, me lo puedes decir. Estás viejo, te vas a morir pronto, no le voy a decir a nadie lo que me dijiste. Dime papá. ¿Lo sientes por tener la familia ahora que estás tan viejo y te vas a morir pronto? ¿Te significamos algo, nosotros, las cáscaras vacías que te rodeamos, feas y malolientes? Te significa algo ahora que estás tan viejo y estás por morirte?

OLIVER: ¿Qué quieres de mí?

MIA: Sólo dime si vale la pena. ¿Si todo esto vale la pena, papá? Lo de llorar tanto por Branko, lo que me duele. ¿Tengo que seguir así o no me tengo que preocupar tanto por el dolor? ¡Todos nos vamos a morir como tú, que ya estás viejo, y estás por morirte, tal vez ya hayas muerto, pero no se lo hayas dicho a nadie, y yo todos estos años no logré saber nada de ti, y tú te vas a morir y yo no lograré saber nada de ti! ¿Vale la pena vivir, papá?

 

Silencio. Silencio largo. Y entonces Oliver se encoge de hombros. No sabe. O no quiere decir. Algunos secretos no se pueden revelar.

 

Mia lo toma de los hombros. Toca los hombros de su padre en los que hace mucho tiempo la llevaba.

 

MIA: Bueno, por lo menos te he tocado.

 

Silencio.

 

MIA: Ven, te vamos a buscar una corbata para la fiesta.

OLIVER: Es el cumple de un chico de veinticinco años.

MIA: Da igual. Vamos…

 

Mia y Oliver se van.

 

Entra Branko. Mira donde vive.

 

Se le acerca Ana. Estaba llorando un poco.

 

ANA: No puedo encontrar el abrigo que me regaló Viktor.

BRANKO: Tal vez esté en el altillo.

ANA: Es que no tenemos altillo.

BRANKO: No tenemos altillo.

 

Silencio.

 

ANA: Sí, debe estar en el altillo.

 

Silencio

 

ANA: Hace poco me he acordado de todo.

BRANKO: ¿De qué?

ANA: No hubo ningún Viktor.

 

Silencio.

 

BRANKO: Te has acordado mal. No pienses en eso. Desde que te enfermaste, estás hablando de Viktor constantemente. ¿Cómo no iba a existir, abuela?

ANA: Viktor nunca existió. Lo he inventado todo.

 

Silencio.

 

ANA: Viktor no existe. No existe. Tuve una vida aburrida, no me extraña que se me haya olvidado. Esa vida seguía y seguía y yo pensaba, tal vez pasara algo, pero nunca pasó nada y entonces inventé lo que inventé. Así que mentí un poco, y cuando me olvidé de todo, la única cosa de la que me acordaba era lo que mentía. Porque fue la parte más bonita.

 

Silencio.

 

ANA: Oye, Branko… No se lo digas a Oliver.

 

Ana se va. Entra Mia.

MIA: ¿Qué pasa?

BRANKO: Nada. La abuela…

MIA: Hoy tiene un día difícil.

BRANKO: Supongo, sí.

MIA: Quería decirte que si quieres decirme algo, aquí estoy. Yo estoy…bien. Puedo soportarlo. Sólo eso quería decirte para que lo sepas. Que si necesitas algo…Bueno. Te quiero.

 

Silencio.

 

MIA: Todavía no te he comprado el regalo. Ya no sé qué quieres. Estás creciendo. La barba te está creciendo tan rápidamente, te tienes que afeitar todos los días. Tal vez te compre una máquina para afeitar o algo parecido. Me gusta cuando tienes el rostro terso, como la cola de un bebé.

BRANKO: Ya me has comprado suficientes cosas.

MIA: No digas tonterías, no nos cuesta gastar en ti. Dime, ¿qué querrías?

BRANKO: ¿Para el regalo?

MIA: Sí. ¿Qué querrías?

BRANKO: Nada.

MIA: Venta, no seas tan modesto. Eres tan modesto, tanto que nos saca de quicio. Es tu cumple, ¡te tenemos que comprar un regalo! Tengo que salir antes de que cierren las tiendas. ¿Me quieres acompañar? ¿Elegir algo tú mismo?

BRANKO: Sabes que no puedo correr, y tú vas a estar apurada, las tiendas cierran en media hora.

 

Silencio.

 

MIA: No sé si voy a tener suficientes platos para la tarta. ¿Sara viene?

BRANKO: Sí.

MIA: Tal vez no quiera comer la tarta. Pero si quiere, se la serviremos en un plato de plástico.

BRANKO: Sara me quiere.

 

Silencio.

 

MIA: Yo puedo comer de un plato de plástico.

 

Silencio.

 

BRANKO: Yo no la quiero a ella.

MIA: Entonces no vamos a necesitar los platos de plástico, para no mezclarlos en vano.

BRANKO: Yo no la quiero, pero ella a mí me quiere y eso está perfectamente bien.

MIA: ¿Qué estás diciendo?

BRANKO: Tengo que practicar esta vida un poco, mamá.

MIA: ¡Vos te mereces una mejor! ¡Mucho mejor!

 

Callan.

 

MIA: No me mires así.

 

Silencio.

 

BRANKO: Mamá, perdóname por no poder caminar.

 

Silencio.

 

BRANKO: Yo no camino y nunca más voy a caminar y eso es así. Bastante sencillo, ¿no te parece?

 

Silencio.

 

MIA: Eso es sólo porque soy tu mamá! Tu enfermedad es la mía, pero la mía es más difícil porque yo camino.

BRANKO: Lo sé…

MIA: Pero estoy mucho mejor, créeme. Hoy, por ejemplo, no he llorado mucho. Y ya no le digo a los vecinos que solo caminas un poco más lento! Ves cuán mejor estoy! Esta mañana en el supermercado dije que hoy es tu cumple y el vendedor me ha preguntado cómo estás y yo le he dicho que ya no caminas pero que estás bien! Que ya no caminas un poco más lento, sino que no caminas y punto! Y él me ha mirado con lástima, pero yo me he sentido orgullosa por haber podido decirlo. ¡Tú no caminas! ¡Tú te mueves conduciendo!

BRANKO: Mamá…

MIA:¿Qué?! ¿No es lo que querías que dijera desde que te enfermaste? Bueno, lo estoy diciendo! ¡Tú no caminas! ¡Tú no puedes caminar! ¡Mi hijo no camina! ¡Sus piernas no funcionan! ¡Él nunca va a caminar! ¡Y yo lo puedo decir! ¡Ya está, lo he dicho!

 

Silencio.

 

MIA: Perdóname.

 

[1] Pastilla tranquilizante a base de valeriana.


PREMIOS AL TEXTO

2012 Premio Risa de oro – 36 Días de la Sátira de Fadil Hadžić, Croacia

2012 Corona de Laurel Dorada al mejor texto dramático, 52º MESS, Sarajevo, Bosnia y Herzegovina

2012 Teatar.hr – Premio del Público al mejor texto nuevo

2012 Premio del Teatro Croata al mejor texto dramático

2014 Premio Marul al mejor texto dramático – 24º Festival de dramaturgia croata y teatro del autor de Split

2015 Premio al mejor texto dramático, 4º Festival de Estrenos Teatrales, Aleksinac, Serbia.

PREMIOS A LA TRADUCCIÓN

2015 Distinción del Premio Teatro del Mundo que otorga el Centro Cultural Ricardo Rojas a la traducción (Nikolina Židek).

PREMIOS – PUESTAS EN ESCENA

La puesta en escena argentina ganó todos los premios del año 2015, por lo cual la obra fue proclamada el fenómeno del teatro off.

La puesta en escena uruguaya también fue galardonada con varios premios.

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