Autora

IVANA SAJKO

Categoría

MONÓLOGO

Personajes

Personajes: 1F

Derechos de Autor

IVANA SAJKO

Derechos de Traducción

NIKOLINA ŽIDEK
info@teatrocroata.com

Pedir Texto Mujer bomba

Gracias por contactarnos.
El pedido ha sido enviado.

Mujer bomba.

Mujer bomba es monólogo de una mujer en los últimos minutos de su existencia, a punto de cometer un atentado terrorista; va inmolarse con una bomba adherida a su cuerpo, mientras la multitud esté aclamando a un político distinguido. El texto nos invita a un cuestionamiento sobre sus motivos, su voluntad y su rol como mujer en la sociedad actual. La autora rompe las estructuras tradicionales introduciéndose ella misma en el texto para analizar y  preguntarse sobre la actitud del personaje.

Fragmentos

Fragmento Versión Argentina

(Monólogo en el que participan la mujer bomba, un político anónimo, sus guardaespaldas y su amante, dios y un coro de ángeles, un gusano, la Mona Lisa de Leonardo da Vinci, veinte amigos míos, mi madre y yo.)

En este texto se usaron artículos de prensa, investigaciones y textos de centros internacionales para la lucha contra el terrorismo.

Quisiera agradecer a la Fundación Rockefeller, a mis compañeros y amigos del Bellagio Study and Conference Center, y con mucho cariño a Jean Arasanayagam y a Sidney Strauss.

 

2.

 

¿Doce minutos y treinta y seis segundos? ¿Es el tiempo suficiente para inventar algo menos banal y torpe que los accidentes de tránsito, la electrocución con electrodomésticos, tejas que se deslizan del techo, la mala alimentación o las enfermedades inesperadas? A veces nos vamos como tontos, a veces como desesperados y la historia nos aplasta en un instante porque no nos convertimos ni en Buda ni en Jesús – en ninguno de esos profetas que la tenían clara desde el principio. A nosotros nos queda asombrarnos, a veces citarlos y cuando finalmente den los doce minutos y treinta y seis segundos simplemente aparecer en el lugar equivocado en el momento equivocado. Y eso es todo. Probablemente sería justo pedir un interludio antes de irnos para siempre; estoy pensando: los elefantes tienen donde ir cuando presienten su final, incluso, en la película “El último tango en París” Marlon Brando tuvo tiempo suficiente para sacarse el chicle de la boca y pegarlo debajo del pasamanos del balcón. No puedo olvidar esa escena. Ha marcado los criterios bien altos.

Las palabras también son una preparación para la muerte. Ellas pueden perdurar hasta después de que la muerte ocurra.

El texto tic-taquea dentro de mí como la bomba dentro de ella. Me aísla del resto del mundo. Quiero escribir una escena de “El juego de la verdad”. La primera versión que me imagino sola la tiro a la basura: las frases no convincentes metidas en las bocas de los personajes inexistentes. Digo: “Sajko, vas en la dirección equivocada” Cazo en mi cerebro los hechos que podrían ser verídicos, pero todo lo que se puede demostrar parece una exageración total: líderes carismáticos con diagnóstico de psicosis, fotografías de entierros, gemelos siameses de trajecitos rosa en portada, los Elvises y los James Dean resucitados, regordetas infelices reclamando los derechos civiles, estúpidos concursos de preguntas y respuestas que lanzan nuevas estrellas mediáticas, los servicios públicos encargados de quitar los chicles de la vereda y limpiar los soretes de las calles, pero los soretes siguen estando en la cabeza, en la punta de la lengua, son una mierda los chistes, las muletillas y los gritos de combate, la mierda sorprende a los bichos raros que siguen creyendo en Dios a pesar de todo lo que ocurrió, después de que los ángeles se hicieran pedazos por mi cuarto, después de que empezáramos a tener miedo del sol y después de que los animales empezaran a reírse en nuestra cara. Conclusión: no tiene sentido inventar “El juego de la verdad”. Renuncio a la idea de escribir sola respuestas a algunos le da asco, a otros, risa y a terceros no les convence: “¿Qué harías vos si te quedaran doce minutos y treinta y seis segundos de vida?” Tengo que jugar el “Juego de la verdad” con la gente que conozco. Lo organizo a través de Internet. Envío la pregunta a mis contactos. En una semana sobre mi escritorio crece un archivo secreto de muertes imaginarias de mis amigos, conocidos, de mi madre… La mujer ficticia cuyas mejillas estallarán y cuyos ojos saldrán de sus cuencas, cuyas vertebras se desintegrarán, cuyo cuerpo entero desaparecerá en el polvo seco de la ciudad, ahora parece un espectáculo anémico. Su muerte falsa que palpo con los dedos y el tiempo falso que tic-taquea en mi cabeza se convierten en hechos banales en comparación con el archivo que tengo delante de mí. La gente cuyos cuerpos tenía la oportunidad de tocar por lo menos una vez en mi vida ponen en escena su propio final. Las reglas son las mismas. El tiempo es el mismo. Pero todo es diferente porque tiene un rostro.

A veces me río, a veces lloro y espero que nadie me escuche. Copio los fragmentos: ¿12 minutos 36 segundos?

Me despediría en mi mente de la gente que conocí…

Capaz que me tiraría al sol y cerraría los ojos…

Nada, probablemente sólo respiraría…

Me despediría de todos, p.e.: estoy harto de las estrategias, informes, planes de negocios y cosas por el estilo. Me voy siguiendo el ejemplo de Che Guevara, a unirme con los guerrilleros…

Miraría el reloj todo el tiempo…

Me cagaría encima. Pensaría en cómo reaccionará el Creador cuando me presente así lleno de mierda. ¿Importaría quién es Él: Alá, Jehová o Jesús?

Tomaría la posición zen…

No haría nada de lo que no haga normalmente… y haciéndolo pensaría en los demás, en la gente cercana…

Me pondría en pedo total…

¿12 minutos y 36 segundos?

Los contaría para atrás…

Me desnudaría y me masturbaría imaginando a alguien con quien siempre quería hacer el amor…

Me retiraría a un lugar solitario… espero tener fuerza, coraje y razón para hacerlo.

Intentaría salvar el mundo…

Olería a mi bebé…

¿12 minutos y 36 segundos?

Compartiría ese tiempo con alguien… no sé con quién… no sé en qué orden… ¿o capaz que daría una rueda de prensa?

Dedicaría mis pensamientos a los que más quiero…

Primero me moriría de risa por esos treinta y seis segundos y luego me pegaría un tiro porque no veo por qué esperar y perder el tiempo…

Miraría a la distancia y luego comprobaría si el anzuelo a la derecha realmente se mueve o es por el flujo constante del río…

¿12 minutos y 36 segundos?

Intentaría encontrar el orden en ese tiempo y me preguntaría por qué lo hago siempre.

Absorbería con la vista todo lo que pueda y respiraría, respiraría, respiraría… totalmente tranquila.

Tomaría la copa más bonita y más fina, la llenaría hasta el tope… abriría la puerta de mi casa… la vista desde mi ventana… un mensaje en el escritorio… compartiría una parte de mis pensamientos con mi amor que nunca fue… los últimos treinta y seis segundos me sentaría en el sillón. Sería el final.

 

 

La calle abarrotada de gente. Las banderitas practican su frenético aleteo para la solemne caravana. Cada dos por tres las noticias muestran una ceremonia parecida: se ven las caras entusiasmadas, las manos tendidas, las masas vitoreando, las masas esperando, las masas extáticas, traspirando, torciendo el cuello, los padres llevando a los niños a upa … Para que vean mejor, ¿qué cosa? Los vidrios polarizados y el tránsito bloqueado. Ellos están acá por amor a las autoridades democráticamente elegidas que pasan histéricamente por la ciudad bajo los semáforos apagados, acompañados por las sirenas, bajo medidas de seguridad extremas, con francotiradores en los techos y agentes entre el público.

Entre la muchedumbre un perro sale de improviso a la calle. La primera limusina no se detiene. El perro la mira confundido. La televisión transmite las banderitas entusiasmadas y las mandíbulas extendidas en éxtasis. Las ruedan pasan por encima del animal. Luego pasa el segundo vehículo. El tercero también. El cuerpo del perro se desparrama por la acera como un omelet. Al pasarle toda la caravana encima, desaparece del todo. No pasó nada. Un milagro.

tic-tac tic-tac

tic-tac tic-tac

tic-tac tic-tac

treinta segundos para que pase el camión lleno de soldados

medio minuto de pausa:

uno, dos, tres, cuatro, cinco…veintiocho, veintinueve, treinta

luego, cuatro minutos para el desfile

policía de tránsito

policía en uniforme de gala

policía motorizada

policía militar

policía especial

policía civil

policía que no parece policía

pero está por todas partes

husmeando y escuchando

dirigiendo los gritos de la masa

de nuevo una pausa corta

la caravana blindada aparece al principio de la calle

primer vehículo: la diplomacia

segundo vehículo: la seguridad

tercero: él

TERCERO

un largo tanque a prueba de balas

negro pulido

coche fúnebre con las mismas banderitas

se desliza lentamente

seguido por las cámaras

desacelera el motor silenciosamente

para

una pausa de expectativa

la transmisión televisiva en directo se interrumpe por las publicidades

el movimiento de la masa se congela por un instante

todos estamos petrificados por una aspiración larga y simultánea

Me da tiempo recordar el sueño de anoche:

Vivo en una isla. No cuento los días de la semana ni sé qué edad tengo. Una mañana decenas de barcos entran en la cala. Están llenos de soldados. Informan que se ha declarado la guerra. Empiezan el desembarco: primero, segundo, tercero, milésimo… anónimos y superiores en número. A lo lejos escucho aviones. Un hueco en mi sueño y luego aparece la secuencia siguiente. Una piara de cerdos pastea por la isla. Miles. Por todos los lados se extienden el hedor y el humo. Espiedos dando vueltas. Se celebra la victoria. ¿Quién ganó? No veo a los ganadores ni a los vencidos, sólo a los cerdos. Se están girando en los espiedos Su piel es de color rojo candente, luego se hace violeta oscuro y más tarde negro, hasta que los cuerpos y los espiedos se convierten en carbón y cenizas. De nuevo estoy sola en la isla. Cenizas por todas partes.

¡MAAAAAAAAARCHA!

las unidades especiales se alinean

el estruendo de las botas

acrobacias con fusiles

alrededor de la tercera limusina se está elevando una muralla de cascos y chalecos antibalas

las cámaras encendidas de nuevo

se abre la puerta

ÉEEL baja del vehículo

cara de piedra

traje, corbata y zapatos de charol

mete la panza y estrecha la papada

está listo para los fotógrafos:

el primer flash – con la cara seria para las noticias de mañana

el segundo flash – una pose importante para el archivo de prensa

luego una sonrisa para el público

saluda a centenares de banderitas

revisando con la mirada

esperándome a mí

los ojos entrecerrados

todo está vibrando

todo en movimiento

sus intestinos crujiendo

¿es hambre o miedo?

la euforia de la muchedumbre tapa ese crujido

canturreo Sweet Jane

nadie me oye

NADIE OYE NADA

sólo yo entiendo el crujido de sus intestinos

sabe que estoy acá

lo saludo con la mano

tic-tac tic-tac

aprendí a odiarlo

aprendí todo de memoria

 

 


Gracias por contactarnos.
El mensaje ha sido enviado.