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DRAMA

Personajes

Personajes: 2 (2M, 2F ó 1M+1F)

ARIEL

DIEGO

Traducción

NIKOLINA ŽIDEK

Derechos de Autor

IVOR MARTINIĆ

Derechos de Traducción

NIKOLINA ŽIDEK
info@teatrocroata.com

Pedir Texto Sería una pena que se marchitaran las plantas

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Sería una pena que se marchitaran las plantas.

Sería una pena que se marchitaran las plantas habla sobre la ruptura de una relación amorosa. La crisis en la ruptura se abre cuando uno de los personajes no logra acordarse del acontecimiento más importante de la relación en los ojos del otro. A través de los recuerdos la ex pareja intenta contar su historia en común. Es una obra sobre los intentos de expresarnos verbalmente y crear una historia que podamos contar y que podamos asumir. La obra trata las cuestiones como “cómo formamos la historia”, “de qué consiste nuestra historia personal” y “cómo accedemos a la mentira”.

Work in progress

 

Fragmentos

Fragmento Versión Argentina

ARIEL: Lo nuestro se acabó.

La frase ya está dicha. Ya está. Ariel acaba de pronunciar la primera frase de su ruptura. La frase está acá, en el espacio. ¿Quién sabe qué pasará ahora? Tal vez Ariel haya dejado caer las bolsas al suelo. Capaz que Diego se quedó sin aliento por un instante. Quién sabe qué pasa exactamente cuando dos actores rompen la relación.

ARIEL: ¿Me escuchaste? Vine a decirte que te estoy dejando.

DIEGO: Te escuché.

Ariel asienta con la cabeza. Él realmente dijo esa frase y Diego lo escuchó.

ARIEL: ¿Y?

¿Y?

DIEGO: Está bien.

ARIEL: ¿Está bien?

DIEGO: Ya está.

ARIEL: ¿Ya está?

DIEGO: Sí.

ARIEL: Está bien.

Ariel mira a su alrededor. No se imaginaba la ruptura así. ¿Es todo lo que va a pasar?

DIEGO: ¿Qué hacemos ahora?

¿Qué hacemos ahora?

ARIEL: ¿En qué sentido?

DIEGO: ¿Si terminamos el almuerzo o?

ARIEL: No lo sé, pará un segundo.

Ariel está pensando cómo seguir. Diego está pensando cómo seguir. ¿Cómo seguir?

ARIEL: Sería lo mejor que me vaya. ¿Si no tenés nada para decir?

DIEGO: No tengo. No. Creo que no. ¿Vos tenés?

ARIEL: No tengo a nadie.

DIEGO: No, lo sé.

ARIEL: Sé que lo sabés.

DIEGO: Sí, lo sé.

ARIEL: ¿Así que, vos no tenés nada para decir?

DIEGO: No tengo a nadie.

ARIEL: Lo sé. ¿Algo más?

DIEGO: No.

Ariel y Diego siguen pensando por un tiempo sobre las frases que dijeron. A Ariel le parece que pudo haber pronunciado la primera frase de manera distinta.

ARIEL: Lo nuestro se acabó.

DIEGO: Ya lo dijiste.

ARIEL: Lo repito tan sólo para estar seguro de que me escuchaste.

DIEGO: Te escuché.

ARIEL: Si no querés decir nada, ¿querés tirar lo que compré sobre el piso? O, si te da lástima romper algo, ¿querés tirar la silla? La silla es vieja e igual querías deshacerte de ella? Hacé lo que quieras, qué te importa lo que piense la gente, a los vecinos les diremos que estamos moviendo los muebles. Estamos rompiendo nuestra relación, tenemos derecho de hacer lo que queramos.

Diego está mirando por el espacio. Capaz que realmente podría hacer algo así.

DIEGO: Creo que no voy a hacer nada, gracias.

Ariel cree que igual Diego podría hacer algo.

ARIEL: ¿Me querés pegar? Acá, acá me podés pegar, hasta acá tengo las costillas, pegame en la panza, voy tensar los músculos, no voy a sentir nada.  ¿Querés darme una patada?

Diego no quiere.

ARIEL: Dale, pegame una patada. Yo me la banco. ¡Pegame una patada!

Diego no quiere. Ariel no sabe qué hacer. Eso no puede ser todo. Toda la escena de la ruptura se está haciendo pedazos. No está ni cerca de cómo se la imaginaba.

ARIEL: Así que, nada.

DIEGO: Nada.

ARIEL: Me das asco.

DIEGO: ¿Te doy asco?

ARIEL: Me da vergüenza cada segundo que pasamos juntos.

DIEGO: Está bien.

ARIEL: Me das vómito.

DIEGO: Está bien.

ARIEL: Olés mal.

DIEGO: Está bien.

ARIEL: Te odio.

DIEGO: Eso ya lo dijiste.

ARIEL: Te odio dos veces.

DIEGO: Está bien.

ARIEL: Te podría romper la cabeza.

DIEGO: Bueno.

ARIEL: Sos un cerdo egoísta.

DIEGO: Está bien.

ARIEL: Nunca llegué a amar tus pies.

DIEGO: ¿Y por qué nunca me lo dijiste?

ARIEL: No quería que empezaras a esconderlos de mí.

DIEGO: Está bien.

ARIEL: Pero el hecho de no amar tus pies no significa que no te haya amado a vos.

Silencio.

ARIEL: Sé lo que estás haciendo.

DIEGO: ¿Yo?

AIREL: Sí, vos. No te hagas el boludo. No querés hacer nada porque no querés acordarte de esto. Yo necesito una escena de ruptura de la que me pueda acordar, la que pueda contar.  Y vos no vas a hacer nada.

Diego mira a su alrededor. Capaz que debería hacer algo. No puede hacer nada excepto tocar la silla. Mover la mesa o algo parecido. Insignificante. De todas formas, no es algo que se hace cuando se rompe una relación.

ARIEL: ¿Y qué podrías hacer o decir vos en general? ¿Que sabrías vos de nosotros? Vos igual olvidaste la mayor parte de lo que pasó entre nosotros. Vos olvidaste algunas situaciones tan importantes que yo guardaba para que no se desgastaran de la excesiva rememoración y cuando finalmente encontraba un momento para compartir esas situaciones nuestras con vos, vos me decías que no te acordabas de ellas.

DIEGO: Perdoname por olvidarme.

ARIEL: Sí. Da igual. Nada importante. Tan sólo una vida.

DIEGO: Ariel…

ARIEL: Ariel – nada… ¿Te acordás cuando te pedí que te acordaras del momento en el que te había dicho que te amaba y cuando lo pensaba en serio? Son pocas las cosas que decimos y pensamos en serio, y yo dije exactamente lo que pensaba en aquel momento. Te amo. Eso es lo que te dije. Y vos te lo olvidaste. Vos te olvidaste del momento más real de nuestra relación.  ¿Te acordás? Era casi otoño, llegamos del viaje, entramos muertos de cansancio en este departamento, así.

Ariel muestra la entrada.

ARIEL: Miramos a la izquierda y a la derecha y supimos- sí, nosotros vivimos en este departamento, esta es la manera de la que decidimos arreglarlo, entonces este es nuestro hogar, está todo bien, está todo seguro. Estas son nuestras paredes, en las que están colgando los cuadros que nosotros elegimos. Este departamento es justamente el telón de fondo de nuestra historia de amor. La vista de la ventana es justamente la ciudad que elegimos juntos para que fuera el telón de fondo de nuestra historia de amor. Acordate de eso porque en ese momento yo estaba seguro de algo. En ese momento yo pude decir claramente que yo amaba a ese hombre.  Yo te amo.

Ariel intenta acordarse cómo caminaba en ese momento.

ARIEL: Yo te amo.

Ariel se está intentando acordar.

ARIEL: Yo te amo.

Tal vez Ariel se haya acordado.

ARIEL: Y vos te olvidaste de ese momento, acá, en el departamento. Es verdad que no era un momento demasiado descriptible, tan sólo el otoño y el atardecer a través de la ventana, justo, ahí. Todo eso y mi mano tocándote. Entonces nos sentamos y escuchamos la música. ¿Te acordás de la música? No, por supuesto que no. Vos te olvidaste de ese momento en el que yo estaba seguro de algo. Dale, por lo menos ahora decí algo real. Actuá algo por mí, por favor. ¡Sos actor, por Dios, actuá algo!?

Silencio. 

ARIEL: Me voy. ¿Qué va a pasar con las plantas?

DIEGO: Las voy a regar.

ARIEL: Por favor, que no se mueran.

DIEGO: No.

ARIEL: Sería una lástima. Prometeme. Si ahora se murieran las plantas, lo soportaría mal.

DIEGO: Ariel, por favor.

ARIEL: Dios, cómo te odio.

DIEGO: Ariel, por favor.

ARIEL: Lo que vos estás haciendo, no se lo tragaría nadie.

DIEGO: Ariel…

ARIEL: Andá a cagar.

DIEGO: Ariel.

ARIEL: Me voy.

DIEGO: Quedate una noche. ¿Cuándo vas a venir a buscar tus cosas?

ARIEL: Cuando vos no estés. No dejes que se pudran las plantas, por favor.

DIEGO: No.

ARIEL: Adiós, plantas mías. Adiós, paredes. Adiós, el color de la cocina que yo elegí. Adiós, años. Adiós, bicicleta. Adiós recuerdos. Adiós, la vista desde la ventana. Adiós, amor.

DIEGO: Ariel…

ARIEL: No te estaba hablando a vos, sino al departamento.

DIEGO: Quedate una noche más.

ARIEL: No. Me tengo que ir. Ya está. Y guardá las cosas en la heladera, no las dejes acá tiradas cien años. Compré todo lo que dijimos, sólo que no hubo yogurt de soja y compré el normal.

DIEGO: No puedo comer el normal.

ARIEL: Bueno, me lo llevo yo.

DIEGO: Tengo el estómago sensible, estoy intentando comer la comida sin gluten y sin lactosa.

ARIEL: Todo bien, el normal me lo llevo yo.

DIEGO: No creas que sea quisquilloso. Sólo quiero probar comer la comida sin gluten y sin lactosa por un par de días para ver si hay alguna diferencia, si me deja de doler la panza.

ARIEL: Perdoname, si no hubiéramos roto, ahora pegaría un salto al almacén saludable.

DIEGO: No importa, voy yo después. Probaría la comida sin gluten y sin lactosa por un tiempo. Capaz que se me mejore el cutis también.

ARIEL: Está bien. Perdoname, por favor.

DIEGO: ¿Querés llevarte algo más?

ARIEL: No. Sólo el yogurt.

Ariel toma el yogurt.

ARIEL: Eso es todo.

DIEGO: Eso es todo.

ARIEL: No me mates las plantas. Colgate un recordatorio.

DIEGO: Está bien.

ARIEL: Sería una pena que se mueran. Toda esa gente que nos iba regando las plantas mientras nosotros veraneábamos, pasábamos los inviernos afuera, viajábamos. No sería justo con ellos.

DIEGO: Lo sé.

ARIEL: ¿Sabrás regarlas?

DIEGO: Lo sabré.

ARIEL: No le tires agua por las hojas y mientras haya sol.

DIEGO: Está bien.

ARIEL: No dejes que se mueran, por favor.

DIEGO: No.

ARIEL: Está bien. Eso es todo.

DIEGO: Eso es todo.

ARIEL: Hasta luego, Diego.

DIEGO: Hasta luego, Ariel.


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