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Personajes: 12 M + 4 F

Huklija

Viejo

Dado

Đuka

Ana

Momo

Sike

Miljac

Cigüeña

Goran

Ivana

Žiga

Miro

Jelena

Mićo

Dana

Juliška

Traducción

NIKOLINA ŽIDEK

Derechos de Autor

NINA MITROVIC

Derechos de Traducción

NIKOLINA ŽIDEK
info@teatrocroata.com

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Vecindario al revés.

Huklija está en el techo de una torre que él mismo había construido y está por saltar de ella. Pero en el último momento  cambia de opinion. Desgraciadamente, Dios se le acerca desde la espalda  y lo empuja. Y mientras Huklija va cayendo, se hace testigo de los dramas privados de los inquilinos dentro del edificio del que está cayendo. La gente salta de sus departamentos o alguien la empuja. Y así todos se encuentran en el aire. Pero su caída es inevitable.

Fragmentos

Fragmento Versión Argentina

el techo

LA CAIDA DEL PRIMER HOMBRE

Huklija[1]

piso 20

EL HIJO DEL VIEJO

Viejo, Dado

cerca del piso 18

(DE)TERMINACIÓN

Huklija, Viejo

piso 16

LOS TONTOS VUELVEN

Đuka[2], Ana

cerca del piso 14

EL PUÑO DE ORO ABRE TODAS LAS PUERTAS

Huklija, Viejo, Đuka

piso 13

EL PADRE DEL HIJO

Momo, Sike[3], Miljac[4]

cerca del piso 11

LA OPORTUNIDAD PERDIDA

Huklija, Stari, Đuka, Miljac

piso 10

UNA OPERACIÓN SIN MÉDICO

Cigüeña, Goran, Ivana

cerca del piso 8

EL VECINDARIO

Huklija, Viejo, Đuka, Miljac, Goran

piso 5

UNA NAVE SIN LICENCIA

Žiga[5], Miro, Jelena[6]

cerca del piso 3

UNA FAMILIA FELIZ DE PUTA MADRE

Huklija, Stari, Đuka, Miljac, Goran, Miro, Jelena

primer piso

EL JUEGO

Mićo[7], Dana

hormigón

LA CAIDA DE LA TORRE BABEL

Huklija

 

*(después del comienzo y antes del final)

EN UN PISO DE UN OTRO EDIFICIO DEL VECINDARIO

LA CAIDA DE LA PRIMERA MUJER O LA FAMILIA EN POLVO

Juliška[8]

 

Nota:

“La caída de la primera mujer o la familia en polvo” se lleva a cabo en algún otro edificio del vecindario. Da igual en qué piso está sentada, lo único que importa es que se caiga después de que caiga el primer hombre Huklija y después de que se tire el Viejo, pero de todas maneras antes de que Mićo intente tirar la bomba y el terremoto arrase con todo a ras de tierra.

 

EL TECHO

LA CAIDA DEL PRIMER HOMBRE

(Huklija cayendo de la cima del edificio)

HUKLIJA:

Mi nombre es Huklija, Huklija es el nombre que me dio mi madre. Este edificio lo construí y de este edificio me caí. Vine aquí, arriba, y ahora estoy cayendo abajo. Antes era fuerte, una bestia, una ovejita de Dios. El jefe me tomó para que le construyera, para ser su obrero. Me pagó mal y yo trabajé mucho. Levanté plantas, levanté pisos, me quedé sin pierna. Oh, sí, me caí del andamio. Rengueé un poco, bebí más y ni sabía cómo se escribe mi nombre. Y qué otra cosa me quedaba que volver aquí y tirarme para que se me pase la vida.

Escuchasteis decir: Huklija se tiró! Pero yo os digo: A Huklija lo empujó Dios. Se me acercó de espalda, yo me agaché, y él me tumbó.  Escuchasteis decir: Huklija se puso alcohólico. Y yo os digo: al contrario, a Huklija lo invitó Dios. Dios le servía, Dios le sirvió demasiado. La gota colmó el vaso, a Huklija le empezó a gustar la rakija[9].

Mi nombre es Huklija, a Huklija lo maldijo su padre. Lo echó de la casa, lo condenó a vagar por la tierra. Y no sabía que fue dicho: No juzguéis, seréis juzgados.  Y así mi padre renunció a mí. Me mandó a trabajar cuando era joven. Yo salí al este del pueblo y llegué hasta la ciudad.

Escuchasteis decir: No juzguéis, seréis juzgados. Y yo os digo: Dios estaba bromeando. No nos dio juicio en vano. Pero ahí también nos jodió. Levantó tribunales, vistió a jueces con coimas. Nos dio leyes, pero no hay ley que valga más que la ley del más fuerte. A mí me juzgaron, me ofrecían ir a la cárcel. Otros hacían peor y por eso tenían, así que lo que tenían lo daban para zafarse. Si, ellos robaban para darle al juez. Así arregló Dios. Por eso os digo, Dios es cada barra y nosotros somos la poca miseria que queda adentro.

Mi nombre es Huklija, a Huklija el jefe lo echó del trabajo. Le dijo: sorry, tío, ¿para qué nos sirves así? Caer, te caíste. Renguear, rengueas. ¿Para qué nos sirves? Así me quede sin trabajo. Peso más, ¿cuánto? Diez kilos. Hierro en la columna. No pude ni agacharme. Y trabajé bien. ¿Para qué? Para ser pobre. ¡No acumulaba los tesoros en la tierra donde los ladrones perforan las paredes y lo roban! Obedecí a Dios. Y por eso os digo, Dios es grande, grande como un andamio, y nosotros somos aquel poco cuerpo que se cae de ello. Por el precipicio.

Escuchasteis decir: No acumuléis los tesoros en la tierra. Pero yo os digo: eso está mal. Si no, Dios no nos daría un cajero automático en cada esquina. Y el hecho de habernos quitado el marco alemán, eso fue sólo una tentación. Y por eso os digo: Dios es el banco, y nosotros somos meros ahorristas. Sacamos la fe con crédito. Con intereses.

Mi nombre es Huklija, a Huklija lo traicionó la patria. Le dio trabajo, le quitó trabajo. Le pegó a Huklija en la mejilla. Huklija le puso la otra. No se vengó. ¿Hizo mal?

Escuchasteis decir: ¡No resistáis al que es malo! Y yo os digo, Dios me susurró al oído: Ojo por ojo. Antes de irme a dormir me cantaba: Diente por diente. Pero yo lo entendí demasiado tarde. Y por eso os digo, no cometéis mis errores sino cantad para que resuenen las aldeas y las ciudades: ¡Ojo por ojo, diente por diente!

Mi nombre es Huklija, a Huklija Dios le anuncia el final. Aquí está, me advierte por la última vez. Y yo no entiendo, el más imbécil. De la nada se me acercó un perro. Se para a un metro – dos de mí, y me mira. Y se acerca de a poco, y me tira de la manga para que me mueva. Pero yo no soy un novato, yo sé qué quiere ese cachorro. Que lo alimente o que lo acaricie, pero no caí tan bajo, ¡yo no daría  lo que es santo a un perro! Y por eso le di una patada al perro, con la pierna renga. El tuso se fue con el rabo entre las patas. ¿Pero qué está pasando? Se está juntando una manada. Se están abriendo las puertas de patio, están viniendo los tusos. De cada casa, de cada jardín, de cada calle salen como hermanos solidarios. Ahí vienen, en el medio de la calle, una verdadera multitud. Ladran, aúllan, desaparecen en la lejanía.

Escuchasteis decir: No deis lo que es santo a los perros. Pero yo os digo: No deis lo que es santo a los humanos. Somos como los cerdos, no nos echen sus perlas. No vemos lo que está delante de nuestros ojos, lo que hacemos los unos a los otros, lo que nos pasa. Y sí, es verdad, se reunió una manada de tusos, pero nadie se da cuenta de que es Dios el que nos está presagiando algo malo. Dios los azuzó, los llamó a Él y los mandó a algún lado lejano. Les dijo, rajad de aquí, corred por sus vidas. Y el hombre, el peor de los animales, no entiende ni siquiera cuando Dios se le dirige directamente. En vez de rajar, nosotros vamos directamente al centro de la catástrofe. Con la cabeza contra la pared. Pero primero se rompe la cabeza y luego la pared. Cuando Dios decide que llegó el tiempo para romper la alianza con el hombre y le sacude todo lo que lo rodea. Cuando le saca el suelo debajo de los pies y le desmonta el mundo que le dio en pedazos.

Mi nombre es Huklija, a Huklija Dios lo llama a su lado. Me dice: ven cuanto antes, sin ti, todo está un poco vacío. Y yo le hice caso, salté de la torre. Oh, sí, obedecí a Dios. Soy el primer hombre que cayó. Y mientras estoy volando hacia el hormigón, tengo toda la ciudad en la palma de mi mano. Los pequeños puntitos corren, veo que están corriendo al banquete de Dios. Dios está haciendo una fiestecilla y dice: cuantos más, mejor.

Escuchasteis decir: El primer hombre cayó. Y yo os digo: No es el único. Vendrá un montón más. Están por salir. Los vais a ver a todos. Oh, sí, Dios se os mostrará. Dios os esperará. Porque Dios es el vecino. De todos. Y cuando hace falta, toca a tu puerta. Y tú ábrele, porque Dios es el vecino y nosotros somos sus hijos. Oh, sí, Dios es el vecino, aquel mismo al que le piden un poco de azúcar. Y él les echa sal. En la herida. Oh, sí, Dios es el vecino. El vecino que nos cierra la puerta con un portazo delante de nuestras narices.

Mi nombre es Huklija, Dios es mi vecino. Este edificio es suyo. En él viven miles de almas. Y Dios las llama a todas a su lado.

 

PISO 20

EL HIJO DEL VIEJO

(Living. El padre, VIEJO y su hijo, DADO sentados, bebiendo. Ambos son policías.)

VIEJO: ¡Acuérdate, acuérdate tú mismo!

DADO: ¿Qué?

VIEJO: ¿Qué qué? ¿Quién te consiguió el curro en la policía?

DADO: ¿Tú?

VIEJO: Yo. ¿Y a quién echaste tú de la policía?

DADO: No te eché.

VIEJO: ¿A quién le diste una patada?

DADO: A ti.

VIEJO: ¿Y quién soy yo para ti?

DADO: Tú sabes quién eres.

VIEJO: Házmelo recordar.

DADO: Eres mi viejo.

VIEJO: Tu viejo. ¿Y así me devuelves el favor? Por todo lo que hice por ti. Yo te crié. Puta madre, ¿crié? ¡Yo te creé! ¿Con quién saliste a tu primera pesquisa? Conmigo. ¿Quién te enseñó a disparar? Yo te lo enseñé. ¿Quién te propuso para inspector? Yo. ¡Lo hice todo yo! Y después la cagué. ¿Me lo merecí?

DADO: No.

VIEJO: Dime, ¿tú estás de acuerdo con ellos? ¿Piensas que no sirvo para un carajo? ¿Que ya no puedo trabajar?

DADO: No, no estoy de acuerdo.

VIEJO: Disparo las moscas volando.

DADO: Disparas.

VIEJO: ¿No me crees? Te lo muestro.

(El Viejo saca la pistola)

DADO: Ey, guárdala.

VIEJO: Qué, ¿es una orden?

DADO: No, sólo…

VIEJO: Entonces, puedo practicar un poco.

(El Viejo apunta a la lámpara)

VIEJO: ¿Ves esa lámpara?

DADO: Cálmate.

(Dado se para entre el Viejo y la lámpara)

VIEJO: Me está obstruyendo el paso, Inspector.

DADO: ¿Por qué me llamas así ahora?

VIEJO: ¿Eres inspector o no?

DADO: Sí. Pero no tienes que llamarme así.

VIEJO: ¡La concha de tu madre, te estoy llamando así en los últimos tres años!

DADO: Eso es otra cosa. Cuando estamos en el trabajo.

VIEJO: Desde hace tres años veo cómo lo lograste. Y estoy feliz por ti. Feliz es poco decir. ¡Orgulloso! Mierda, mi niño llegó al rango de inspector. ¿Y el viejo? Lo que fue el primer día, lo sigue siendo ahora. Policía raso. Pero al viejo no le duele. Le gusta trabajar con el nene. No le molesta tener que obedecerlo. Pero ya ni eso existe. El nene se deshizo del viejo. Pero hay una cosa que no sabía, que al viejo no le gusta que lo joroben.

(El viejo quita el seguro de la pistola)

DADO: Dale, ¿qué te pasa?

(Con la otra mano el Viejo toma un florero de la mesa y lo tira al suelo. El florero se revienta. Dado salta asustado.)

VIEJO: ¿Te cagué, eh?

DADO: Sí. Lo hiciste.

VIEJO: Pero no como tú me cagaste a mí.

(El viejo revienta el vaso contra el piso)

DADO: Ey, ¿qué te pasa?!

VIEJO: ¿No te lo esperabas?

DADO: No.

VIEJO: Yo tampoco me lo esperaba de ti.

(El viejo revienta otro vaso)

VIEJO: ¿Cómo estás, hijo? ¿Sorprendido?

DADO: ¿Qué quieres que diga? ¿Que sí? ¡Sí!

VIEJO: Yo también lo estuve. Mierda, ¿hace cuánto que nos conocemos?

DADO: ¿Qué clase de pregunta es esa?

VIEJO: ¿Hace cuánto que nos conocemos? ¿Un año? ¿Dos? ¿Tres? ¿Cuánto, Dado?

DADO: Veintiocho.

VIEJO: Exacto. Veintiocho putos años. Es mucho, de verdad. Yo lo sé. Tengo el doble de tu edad.

DADO: Sé cuántos años tienes.

VIEJO: Eso sabes, pero no sabes hacer la cosa correcta.

DADO: ¿Y qué tenía que hacer? Decir: no gracias, si a él lo echan, yo también me voy.

VIEJO: Eso es lo que haría yo.

DADO: Ajá, y entonces, ¿qué pasaría? Estaríamos en casa tú y yo, de brazos cruzados. ¿Quién trabajaría? ¡De algo tenemos que vivir!

VIEJO: Bueno, es fácil para ti. Tú te quedaste. Inspector. Jefazo.

DADO: Ya nos vamos a zafar.

VIEJO: Tú sí.

DADO: A la mierda, viejo, encontrarás algún curro.

VIEJO: ¿Qué voy a encontrar? Lo único que puedo es pedir limosna. ¿Así me ves?

DADO: No tienes que hacer eso.

VIEJO: ¿Qué cosa? ¿Esto?

(El viejo revienta otro vaso)

DADO: ¿Por qué haces esto?

VIEJO: No tengo ni idea. Supongo que estoy en estado de shock. Eso pasa. De la nada. No te das ni vuelta, y tu propio hijo te da una patada en el culo. Así, como si nada, viejo, ya no curras más.  ¿Y cómo no estar en shock, te pregunto? ¿Cómo? ¿Ya me ves, no tengo ni idea de lo que estoy haciendo.

(El viejo rompe un cenicero)

DADO: Pero bueno, ¿vas a romperlo todo?

VIEJO: No.

(El Viejo se sienta. Enciende un cigarrillo. Está tranquilo.)

VIEJO: Pero hay algo que realmente querría romper.

DADO: ¿Qué?

VIEJO: La cara de un inspector. Un pedazo de mierda. ¿Lo conoces?

DADO: Sí.

VIEJO: ¿Y… qué te parece? ¿Un cagón, eh?

DADO: No necesariamente.

VIEJO: Debe serlo.

DADO: Lo presionaron. Tuvo que hacerlo.

VIEJO: Entonces es un marica. Hace todo lo que le dicen.

DADO: ¿De verdad crees eso?

VIEJO: ¿Y tú no?

DADO: Pégame.

VIEJO: Ahora ya es tarde.

DADO: No, ahora es el momento.

VIEJO: Es tarde.

DADO: ¡Pégame!

VIEJO: ¿Y qué, me vas a pegar de vuelta?

DADO: No.

VIEJO: Entonces nada. No pego a las niñas.

DADO: Entonces lo haré solo.

VIEJO: Dale, hazlo solo. No te voy a defender.

(Dado golpea con la cabeza contra la pared)

VIEJO: ¿Te duele?

DADO: Duele.

(Dado golpea con la cabeza contra la pared de nuevo)

VIEJO: ¿Mucho?

DADO: Mucho.

(Dado golpea con la cabeza contra la pared de nuevo. Cae.)

VIEJO: Qué, ¿te pegó de vuelta?

DADO: A-já. Me noqueó.

(El viejo se acerca a Dado. Se para arriba de él.)

VIEJO: Estás hecho mierda. No puedes ni siquiera reventar una pared.

DADO: No puedo.

VIEJO: ¿Y qué es lo que puedes hacer?

DADO: Nada.

VIEJO: ¿Entonces, qué eres tú?

DADO: Soy un putito.

VIEJO: No.

DADO: Sí.

(El Viejo ayuda a Dado a levantarse.)

VIEJO: No. Eres un puto. Y yo soy un putito. ¿Sabes por qué? Porque yo te hice.

(El Viejo golpea con la cabeza contra la pared. Se cae. Se tiene de la cabeza. Dado le ayuda a levantarse. Se miran.)

VIEJO: ¿Qué voy a hacer yo contigo?

(El Viejo abre los brazos)

VIEJO: ¿Vienes?

(Dado dado se acerca al Viejo y se abrazan.)

DADO: Dame tu placa.

VIEJO (se aparta del hijo bruscamente): ¿Qué?

DADO: Y la pistola. Ahora, ya.

VIEJO: ¿Qué carajo estás haciendo? ¿Te abracé? ¿Te acepté?

DADO: Sí.

VIEJO: ¿Y ahora por qué estás jodiendo? (imitando a Dado) Devuelve la placa, devuelve la placa.

DADO: Y la pistola.

VIEJO: ¿Me estás jodiendo?

DADO: No, sólo te digo qué tienes que hacer.

VIEJO: Pues, no te la doy.

DADO: ¿Cómo?

VIEJO: Cómo te lo dije. Me la vas a tener que sacar.

DADO: A la mierda, ¿no te das cuenta que te estoy haciendo un favor?

VIEJO: ¿Favor? ¿Qué puto favor? Me estás sacando todo lo que tengo. ¡Esa placa soy yo! ¿Entiendes?

DADO: Entiendo. Pero tú no entiendes cuánto hice por ti. Arreglé para que no tengas que ir a la Comisaría sino que me lo puedes dar todo aquí en casa.

VIEJO: Ningún problema. Yo puedo ir a la Comisaría.

DADO: ¿Puedes, já? ¿Y qué vas a hacer, me vas a dar la placa delante de todos? ¿No tienes ningún problema?

VIEJO: Que todos vean qué clase de colega les traje.

DADO: ¿Por qué lo estás haciendo? ¿Por qué siempre complicas las cosas?

VIEJO (saca la pistola): ¿Y por qué tú quieres esto? ¿Qué tú crees, que vas a ser más capo con dos pistolas? ¿Eso crees? ¿Te hiciste un pistolero?

DADO: Como quieras. Tú decide. Lo podemos hacer en casa. O puedes ir a la Comisaría.

VIEJO: No. Lo haremos en casa.

DADO: Viste que nosotros dos nos podemos poner de acuerdo.

VIEJO: Claro que sí. Si quieres la pistola, ven a buscarla.

DADO: No.

VIEJO: Qué, ¿ahora no la quieres?

DADO: Sí.

VIEJO: ¿Sí o no? Decídete.

DADO: Sí, pero no voy a ir a buscarla.

VIEJO: Sino qué, te la mando por correo? ¿Quieres que te la envíe certificado?

DADO: Quiero que me la des en la mano.

VIEJO: Si la quieres, tienes que venir a buscarla.

(Dado se acerca al Viejo)

VIEJO: Pero cuidado, puede disparar sola.

DADO (se para): Yo llegué hasta la mitad. Ahora tú ven.

VIEJO: Así no vamos a jugar.

DADO: ¿Sino cómo?

(El Viejo se quita la placa del uniforme y ahora está revoleando la placa y la pistola, una en cada mano)

VIEJO: Mira, esta es mi oferta. Decídete, o  la pistola o la placa. Si me sacas la placa, ya no soy paco. Pero puedo ser un delincuente. Y si me sacas la pistola, salvaste, ¿qué, cuánto cabe aquí?

DADO: Seis balas.

VIEJO: Bueno, tantas vidas salvaste. Entonces, ¿cuál de las dos?

DADO: Quiero ambas y tú lo sabes.

VIEJO: No, no, te dije como vamos a hacer. Pero si tú no te puedes decidir, mira… (se pone la pistola y la placa detrás de la espalda) ¿Elige, izquierda o derecha?

DADO: Ninguna.

VIEJO: ¡Dale,  Dadito! Cuando eras pequeño, jugábamos así. ¿No te acuerdas? Entonces te parecía bien. Te gustaba adivinar.

DADO: No. Nunca obtenía lo que quería. Siempre alguna mierda. Lo hacía por tú.

VIEJO: Viste. Entonces, puedes hacerlo ahora también. Dale Dadito, ¿qué estás esperando? Complace a tu viejo. Mira, tómalo como un favor. A tú te gusta hacer los favores, ¿no cierto? Digo, haces favores a menudo. Más de lo necesario.

(Dado se lanza y tira al Viejo al suelo, se le sienta sobre el pecho)

DADO: ¡Me cago en tu puta madre! ¡Me jodes, y jodes todo el tiempo y yo te dejo! Y no sólo que te dejo, sino que te ayudo. Pero no, no quieres parar. Y te arreglo todo. Todo. ¿Así me lo devuelves?

(El Viejo empieza a reírse)

DADO: ¿De qué te ríes? ¿Te ríes de mí? ¿Me vas a contestar?

(El Viejo le da la vuelta a Dado y ahora él está sentado sobre su pecho)

VIEJO: Me río de mí, gilipollas. De mí. Ya me veo. Voy a estar sentado aquí, solo como una mierda, ¿y qué voy a hacer? Esperar para que mi marido vuelva del trabajo. ¿Ahora soy tu mujer? ¿Eh, eso soy? ¡Ven que tu mujer te dé un besito! (a Dado le da un beso en la boca  y se limpia la baba con la manga). Ah, y cuando llegas, yo te sirvo el almuerzo. Y te abrazo y tú me cuentas qué tal el trabajo, a quién pillaste, qué guay. Ah, ¿y sabes qué es lo mejor de todo? (se levanta) Que tendré que pedirte que me des pasta para comprar los pitillos. ¿Las vueltas de la vida, eh? Ahora yo estoy como tú a los quince años, salvo que yo no tengo quince años. No, yo estoy viejo y tengo que pedirle a mi hijo el dinero de bolsillo. ¿A ti te parece bien? ¿Te pregunto?

(Pausa. Dado se levanta.)

DADO: Yo me tengo que ir.

VIEJO: ¿Adónde? Ah, sí, tú curras. Se me olvidó. Debe ser porque estoy viejo. Ey, hijo, ¿me haces un favor?

DADO: ¿Qué?

VIEJO: Lleva a tu viejo contigo. Así, como en los viejos tiempos, tú y yo resolviendo crímenes.

DADO: No te puedo llevar.

VIEJO: ¿Cómo que no?

DADO: A ti qué te parece, ¿que yo no querría trabajar contigo? ¿Tú crees que me agrada el hecho de que me den a algún idiota? ¿Que voy a ir solo a la Comisaría? ¿Que todo el tiempo me voy a preguntar qué estás haciendo, si estás bien?

VIEJO: ¿Y qué, te da miedo de que me pegue un tiro?

DADO: ¿Por qué me haces esa pregunta?

VIEJO: Se me ocurrió. ¿Te da miedo que tu viejo se pegue un tiro?

DADO: Si realmente te interesa, tal vez. Tal vez me dé miedo.

(El Viejo se acerca a Dado, saca la pistola, toma la mano de Dado, le abre la palma y le pone la pistola en la mano)

VIEJO: Ahí, llévatela también. No soy un maricón. Yo te di tu primera pistola, así que te puedo dar la segunda también. ¿OK?

DADO: Ahora realmente me tengo que ir.

(Dado empieza a irse.)

VIEJO: Hijo, ¿no me vas a quitar el cinturón?

DADO: ¿Y por qué te lo quitaría?

VIEJO: Qué sé yo, podría ahorcarme.

DADO: A la mierda, no jodas. ¿Por qué dices eso?

VIEJO: No tengo ni idea. Supongo que estoy en shock de nuevo.

DADO: Si estás en shock, mejor rompe algo.

VIEJO: Qué te pasa, no me voy a ahorcar. Ni loco. Ah, me tendría que afeitar. Pero no sé si me corto la barba o las venas? ¿A ti qué te parece?

DADO: Córtala, ¿sí?

VIEJO: Las venas, ¿já?

DADO: No jodas.

VIEJO: Tienes razón. Ensuciaría media casa. Aparte, es una tontera no aprovechar la oportunidad. De todas formas vivimos en, qué, ¿vigésimo piso?

DADO: ¿Eso qué significa?

VIEJO: Que tienes un nuevo caso, inspector.

(El Viejo salta por la ventana)

 

[1] Huklija- pronunciación [júclia]

[2]  Đuka – pronunciación [dǯuka]

[3] Sike- pronunciación [sique]

[4] Miljac- pronunciación [míliatz]

[5] Žiga – pronunciación [ǯiga]

[6] Jelena- pronunciación  [iélena]

[7] Mićo- pronunciación [micho]

[8] Juliška- pronunciación [iúlishka]

[9] Rakija – pronunciación- [rakia], bebida blanca típica en Croacia y el resto de los Balcanes, parecida a la grappa italiana o a brandy.


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